Democracia real y exaltación fascista son incompatibles

Este año que acaba de estrenarse, se repitió la parafernalia que conmemora la conquista de Granada. En esta ocasión representó al elenco militar, don Francisco Puentes, Teniente General del Mando de Adiestramiento y Doctrina (MADOC) órgano que, entre otras cosas, recluta e instruye a quienes ingresan en esa especie de oenegé inofensiva, llamada Ejército español.

Ante la avalancha de silbidos y abucheos, desencadenados por una parte de los presentes que portaban una pancarta con el lema “No al racismo, a la Toma, al fascismo”, el general Puentes, con su pecho cargado de medallas, que él sabrá dónde y cómo las ganó, se acercó a los discrepantes y les espetó la siguiente frase (aireada y alabada hasta el infinito por los medios oficiales): “Soy un general de un Ejército democrático. Yo entré en Sarajevo para dar agua y luz a los musulmanes”.

Enternecedora declaración la suya. O existe gente que acaba creyéndose el cuento de la democracia española debido al constante machaqueo con esa historieta, o el fariseísmo campa por sus respetos, pues resulta harto difícil entender que en un Estado democrático coexistan presos políticos con vejaciones humillantes contra sus familiares, algún que otro desaparecido y torturas sistemáticas denunciadas por la ONU.

El general Puentes, que realizó una exhibición ególatra de sí mismo, no dijo que Madrid participó en una guerra generada por Alemania, donde Estados Unidos llevó la voz cantante (en claro aviso a Berlín), una contienda inventada, criminal y espuria que respondía únicamente a los contradictorios intereses estratégicos que las potencias imperialistas tienen en la zona. Las masacres (¿las recuerda usted, señor Solana?) cometidas en los Balcanes por las “democracias occidentales” también fueron omitidas.

Si bien en Granada se rememora un hecho histórico, a nadie se le escapa que éste se utiliza para enaltecer al Ejército de la burguesía, añejas glorias imperiales y satisfacer los sentimientos más reaccionarios del régimen heredado de Franco. La patochada del 2 de enero tiene connotaciones fascistas, por esa razón los nazis de Democracia Nacional y España 2000 gritaron vivas al fenecido Caudillo. Sin embargo nuestro general no se acercó a ellos para recriminarles; al parecer la impronta del Generalísimo, es determinante. Con razón la madre de Carlos Palomino, asesinado por un miembro del “Ejército democrático” dice que la celebración de la toma de Granada promueve la violencia neonazi.

Democracia real y exaltación fascista son incompatibles ¿lo sabía este señor que presume de demócrata?

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