NI-NI, ni estudian ni trabajan

El 15% de los chicos entre 16 y 25 años no estudia ni trabaja. Las causas son diversas; mientras unos se sumen en la apatía, muchos se enfrentan a graves dificultades… Otros sólo buscan su camino

05/02/2010 20:06

Los Ni-ni siempre han existido, pero esta forma de bautizarlos como grupo es más reciente.

Es media mañana y preguntamos a un grupo de chicos si sabe qué es un ‘ni-ni’ (joven que ni estudia ni trabaja) y todos saben de qué va el término; es más, casi todos conocen a alguno. «Pero a esta hora no les encontrarás… Salen de tarde, los puedes encontrar en el parque o en los bares, porque no sé cómo hacen, pero al menos los que yo conozco siempre tienen dinero para salir, y yo aquí, pringando y sin pasta», cuenta uno de los jóvenes consultados.

Y no debe ser raro que conozcan a alguien de este grupo, porque según una encuesta reciente de Metroscopia el 15% de los jóvenes entre 16 y 24 años no estudia ni trabaja. Otro sondeo de la misma encuestadora revelaba además que el 54% de los que tienen entre 18 y 34 años no tienen ilusión por desarrollar alguna clase de proyecto vital o profesional. Pero no hay que llamarse a engaño, la validación del término Ni-ni la consiguió hace poco La Sexta con un ‘reality’ en el que ha puesto a convivir a diez jóvenes desadaptados durante tres meses con dos psicólogos

Aprovechar el término

Al calor del fenómeno acaba de surgir incluso una página web: http://www.ninis.org. Sus creadores, que trabajan desde La Rioja y el País Vasco, son graduados sociales, padres y hermanos que pretenden agrupar información sobre un tema que, aseguran, se sufre en casa, de puertas para adentro. Cuentan que «ya hace más de una década que algunos de nosotros trabajamos en pisos de acogida para jóvenes problemáticos, pero la situación actual del país, la ausencia de expectativas, la desmotivación ha generalizado un problema que hasta hace unos años era mucho más puntual en hogares desestructurados. Actualmente nuestro vecino, nuestros familiares… Todos conocemos ya casos de jóvenes que no hacen ni esperan nada de sus vidas».

Incluso el Partido Popular se ha decidido a aprovechar el término. «Zapatero ha provocado que surja la generación Ni-Ni», sostiene el PP en un argumentario interno que remitía a sus cargos esta semana.

Detrás de las cifras

Pero detrás de las estadísticas hay, claro está, realidades muy distintas. Valga como ejemplo la historia de Said. Le encontramos poco después de hablar con los jóvenes del instituto sentado en un banco. Es marroquí y tiene 22 años. Llegó con 17 a España y siempre trabajó como jardinero hasta hace poco más de un año. Desde entonces no para de buscar trabajo, pero el hecho de no tener papeles le dificulta mucho las cosas. De momento sobrevive en un piso compartido con más compatriotas y con el poco dinero que le manda su familia desde Marruecos a la espera de que las cosas vayan mejor. «Sí que soy un Ni-ni, como se dice, pero yo no estudio porque si no no puedo trabajar. Yo tengo que trabajar para vivir, y además sin papeles…».

Es una demostración de que muchos de estos jóvenes no se encuentran en esta situación por convicción, sino más bien obligados por las circunstancias. Es lo que apunta Alba Zamora, del proyecto educativo ‘A peu de Carrer’ de la Fundació Casal L’Amic. En sus encuentros de cada tarde por las calles de los barrios de Ponent de Tarragona se encuentra más de un joven en estas circunstancias, aunque a ella no le gusta el calificativo de Ni-ni. «Yo diría más bien que son los No-no: no pueden trabajar y no pueden estudiar». Dice que detrás de la mayoría de los casos hay grandes dificultades. «El número de Ni-ni por elección que encontramos no es significativo», dice, mientras explica que muchos no saben ni siquiera por dónde comenzar a buscar cuando quieren encontrar trabajo o iniciar sus estudios.

Una opinión similar tiene Vivian Cano, de la cooperativa social Cerc@, que se ocupa, entre otras cosas, de colaborar en la inserción laboral de jóvenes en situación de riesgo. Explica que detrás de la inmensa mayoría de los casos hay desestructura familiar y falta de referentes. «Son pocos los que tienen el privilegio de escoger el no hacer nada. Lo que sí es cierto es que tanto entre los que eligen ese camino como los que se han visto abocados a él suelen tener en común la falta de autoestima y de apoyo. Todos han terminado en el sofá, pero han seguido caminos muy distintos», señala.

Interés por estudiar

Jean Marc Segarra, coordinador territorial de Joventut de La Generalitat en Tarragona, no se resigna a pensar que los jóvenes sigan caminos tan simples. De hecho, explica que en la última encuesta de juventud realizada en Catalunya se distinguieron al menos siete trayectorias vitales relacionadas con el estudio y el trabajo. La falta de empleo, la precariedad laboral y las dificultades para emanciparse marcan muchas de ellas.
La novedad estaría, al menos en los últimos tiempos, en el gran interés que han comenzado a demostrar los chicos por el estudio. Explica Segarra que en el punto de información que gestiona Joventut, en los últimos meses el número de consultas sobre formación han desbancado a las habituales preguntas sobre las ayudas para vivienda o trabajo. «La falta de empleo está afectando más a los chicos, especialmente los que abandonaron los estudios tempranamente, que han aprendido a golpes que tienen que estudiar para salir del pozo».

Toni Martí, técnico de Juventud del Ayuntamiento de Tarragona, cree también que detrás de estas estadísticas se esconcen muchas cosas, y lo primero que aclara es que «los itinerarios de la vida no son lineales, ya casi nadie tiene un trabajo para toda la vida. La gente se casa y se divorcia, y nadie dice que no puedas estudiar un master a los cuarenta años», señala.
Dice Martí que a muchos de los jóvenes que se mete en este saco no están inactivos, «lo que pasa es que lo que hacen no se ve». Cuenta que es lo que sucede con muchos jóvenes en el ámbito cultural, que hacen trabajos que no siempre cuentan con un contrato, crean redes sociales… pero su actividad no queda reflejada en ninguna parte. Muchos, además, se forman en aspectos específicos, menos formales, y eso tampoco se registra.

De todas formas, reconoce que los Ni-ni existen, en parte porque lo que nos han vendido no es precisamente la cultura del esfuerzo. «El modelo que ofrece la publicidad del tío de éxito no es el de un contable que va cada día a trabajar».

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