UN QUIJOTE DE LA MEMORIA

Darío Rivas tiene 92 años. Llegó de niño a la Argentina y a los años se enteró de que su padre, alcalde en la provincia de Lugo, había sido fusilado por los fascistas. Hace un año inició una causa que pretende llevar a la justicia universal, ahora al otro lado del Atlántico. En una entrevista con Página/12 cuenta por qué lo decidió.

Página 12 / Rocío Magnani / 13-11-2011

Darío Rivas se despidió de su padre a los nueve años, cuando lo subieron a un barco rumbo a Buenos Aires. Lo volvió a perder a los 17, fusilado por oficiales franquistas, según le comunicaron en una carta; y le dijo adiós, por tercera vez, hace seis años, en el cementerio de Loentia, Galicia, donde logró enterrarlo tras décadas de búsqueda. Pero el hombre, gallego de raza, no se conforma ni olvida. Tiene casi 92 años y encabeza en la Argentina, donde vivió casi toda su vida, una denuncia para que los crímenes del franquismo no queden impunes. Pide justicia por su padre, Severino Rivas, que fue alcalde del ayuntamiento Castro de Rei, en la provincia de Lugo, cuando lo detuvieron y luego fusilaron “por traición a la patria”, el 29 de octubre de 1936.

El sol deslumbra la casita de rejas verdes de la calle Caxaraville, en Ituzaingó. Cruzando los primeros dormitorios, Darío Rivas espera en un banco de piedra del jardín, con la vista perdida o, quizás, la memoria aferrada a algún recuerdo. Viste de traje, corbata celeste y chaleco de lana. Acaba de regresar del centro porteño y, a pesar de los casi 92 años que cumplirá en febrero, lo hizo en tren. Sobre una mesa ratona de su living, amontona algunos artículos sobre su último viaje, en agosto pasado, a España, para participar de un foro en la Universidad de Salamanca. Además, aprovechó la visita para sumarse a la Ronda de la Dignidad en Puerta de Sol, que se hace cada jueves, en simultáneo con la que realizan las Madres de Plaza en torno de la Pirámide de Mayo. En esa manifestación denunció que a más de 75 años del inicio de la Guerra Civil, “los culpables no han sido juzgados, el gobierno de España no busca a sus desaparecidos y muchos niños secuestrados no conocen su verdadera identidad”. “Eso es una vergüenza, no de España sino de la humanidad –cree Rivas–. Es dejar vivo el antecedente de un genocidio impune que van a pagar las generaciones futuras. Por eso, si no lo hacen ellos, como debería ser, lo haremos desde aquí”, desde Argentina. “Lo haré yo, un viejo, desde Ituzaingó”, se ríe.

“(Francisco) Franco prometió antes de morir que detrás de él todo iba a quedar ‘bien atado’. Y así fue. En España siguen viviendo la dictadura franquista. El hizo las leyes, nos impuso el tipo de gobierno que quiso (monarquía parlamentaria) y nombró al rey (Juan Carlos de Borbón) como su sucesor. Dos años después de su muerte, en 1977, los funcionarios de la Falange sancionaron la Ley de Amnistía, que establece que nadie puede ser juzgado por crímenes políticos cometidos en esa época. Y desde entonces no cambió nada”, asegura Rivas a Página/12.

–Usted vino de muy chico a Buenos Aires…

–Cuando tenía nueve años.

–¿Qué recuerdos tiene de su padre?

–Y… de él me acuerdo mucho. Recuerdo que era un padre excepcional para esa época. Me ha llevado al teatro cuando yo era sólo un niñito de aldea para que conociera algo del mundo. Vivíamos bien. Yo era el más chico de nueve hermanos, mi madre había muerto cuando tenía cinco. Por ese tiempo, además de labrador, mi padre hacía durmientes para el ferrocarril. De todos modos, él sabía que mi futuro en España iba a ser malo y como acá tenía tres hermanos, me subió al barco. Cuando llegué al país, no había pisado nunca una escuela.

–Su padre, ¿ya era alcalde cuando usted emigró?

–No, eso fue unos años después, pero mi padre ya era un hombre de respeto. Cuando la República ganó las elecciones, lo primero que él hizo como gobernante fue traer un maestro del Estado y habilitar nuestra casa para poner la escuela. No cobraba ni alquiler, ni nada. En una oportunidad en que llego a España, un amigo mío me dice: “Oye, yo estudié en tu casa”. Y yo: “Mira qué negocio, tú estudiaste en mi casa, y yo tuve que hacer 12 mil kilómetros para ir al colegio”. Cuando llegó Franco, a los primeros que mataban era a los maestros, porque como daban un poco de inteligencia, los calculaban comunistas, rojos o lo que sea.

–Y él era socialista, ¿no?

–No. Ahí te equivocás, nena. A él le gustaba ayudar a los pobres y practicaba el socialismo del corazón, no como estos caudillitos de la sociedad española que dicen que son socialistas y no lo son. ¿Qué es ser socialista? ¿Zapatero es socialista? ¿El, que no hace nada para que se juzguen los crímenes de Franco? El socialismo hay que practicarlo con el corazón, no hablando. Si no, es una farsa. Hace algunos años, el ayuntamiento de Castro de Rei decidió ponerle el nombre de mi padre a una calle en homenaje a sus actos. Entonces, hicieron una evaluación de su gestión y lo que descubrieron es que le sobraban méritos. Así que allá está, la Rua Severino Rivas.

–¿Por qué actos lo distinguieron?

–Mi padre le daba algo de propiedad (de tierras) a la gente que no tenía nada que comer para que sembraran. Porque España fue un país feudal y se pasó hambre, aunque no lo dice nadie. Los únicos que comían eran los curas, los militares y los señores feudales. Estaba lleno de gente con tuberculosis. A mi padre primero lo procesaron por revolucionario porque no permitió que la gente pagara impuestos en una feria. El recaudador le preguntó por qué se metía y él respondió: “Pero si esta gente no vendió nada, ¡cómo le vas a pedir los impuestos y encima aumentados!”. Entonces el recaudador llamó a la Guardia Civil, que llegó a caballo, montando de a dos, y para reprenderlo, lo atropellaron. Mi padre no era hombre que se dejara tratar de esa forma, así que los bajó de la montura a los golpes. La conclusión del asunto: lo llevaron a la cárcel.

–¿Cómo se enteró de su asesinato?

–A los 17, por carta. Yo sabía que algo así podía pasar porque los militares en España siempre son los mismos: estudian para matar y casi toda la vida se les concreta la idea. Es un defecto de nacimiento, y no sólo de los españoles. Peor, si después no se condenan sus crímenes. En la Universidad de Salamanca me preguntaron si yo perdonaba a España… Y si perdonar significa callar u olvidar, no, yo no perdono. Yo acuso. Porque a España no le debo nada y porque si hago esto es por esperanza, jamás por rencor. Por eso, si el juicio no fuera bien o hubiera problemas, yo voy a renunciar a la ciudadanía española con una declaración por la permanente injusticia que se vive todavía.

Buscar verdad

“Papá, descansa en paz, te lo pide tu hijo mimado.” Esas palabras fueron las que, tras décadas de incertidumbre sobre el paradero de los restos de su padre, Darío logró grabar el 19 de agosto de 2005 sobre la lápida de la tumba de Severino Rivas Barja, a quien “asesinaron el 29 de octubre de 1936 los falangistas”. La placa concluye: “Volvió a casa para descansar en Paz”. Para ello, primero hubo que rastrear y exhumar sus restos.

–¿Cómo los encontró?

–Estaba de viaje en España en 2004, cuando entramos con mi sobrina a una casa de recuerdos en Portomarín. La mujer que atendía me contó que de muy joven había visto un hombre asesinado y tirado en la carretera, el cuerpo estaba tapado con un gabán. Yo recordaba que mi hermana le había regalado uno por esa época. Enseguida fui a ver al carnicero, que me llevó a ver a otro viejito que vivía al lado del cementerio y tenía enterrado a su padre allí. Pero mi padre resultó que estaba escondido detrás de una capilla de Cortepezas, a tres kilómetros de Puerto Marín.

–Empezó a investigar…

–Claro. Empecé con los viejos de esa zona y, entre ellos, uno recordaba haber visto su cuerpo tirado en la carretera y le tocó velarlo. El sabía dónde lo habían enterrado. El procedimiento de los falangistas era matemático para todo el mundo. Secuestraban, iban y sacaban a la persona de la casa, lo llevaban y lo mataban. Después, lo tiraban en la cuneta de la carretera boca arriba para escarmiento del pueblo. Y como no podía quedar el cuerpo allí, le avisaban a cualquiera para que después lo enterraran donde ellos decían.

–¿Hubo que reunir pruebas para que se autorizara la excavación?

–Sí, pero para eso estaban los registros del Archivo Histórico, que decían que lo fusilaban por “oposición a la autoridad” y “traición a la patria”. Están todas las constancias con las firmas de los falangistas, cuando le pedían al ejército y rogaban a Su Señoría que condenaran a Severino Rivas por traición a España. Cinco tiros le dieron los falangistas a mi padre, que por entonces tendría 58 años. Yo pensaba: “¡Pero cómo es que juzgan (así) a mi padre, si es que los traidores de la patria eran Franco y toda su camarilla!”. Finalmente, y con la ayuda de la Asociación de la Memoria, pudimos exhumar sus restos y enterrarlo en el panteón de la familia, en Loentia.

–Pasó casi dos tercios de su vida buscando a su padre, ¿cómo vivió las horas de exhumación?

–Tenía una gran ansiedad porque los restos habían quedado justo donde caía el agua desde la pendiente de un techo, fue muy poco lo que se recuperó y se tardó mucho tiempo. Pero sentí un gran alivio, estaba cumpliendo con mi padre. Mucha gente puede preguntarse para qué llevar flores al cementerio, si el muerto ni se entera. Pero soy yo el que necesito llevar las flores, no el muerto. Yo necesitaba encontrar algo de mi padre. Era como un mandato y una necesidad humana mía.

–¿Desde chico sentía esa necesidad?

–No, no te olvides que una cosa es cuando sos joven. Sabía que no me gustaba lo que había pasado y no pensaba volver a España nunca más. Era odio con el país porque me había tenido que ir para poder vivir, porque España no me mandaba al colegio, no me daba de comer y porque España me había robado a mi padre. Pero cuando fueron pasando los años, viajé a España y empecé a querer saber. Allá nadie me hablaba de mi padre. Había un silencio no cómplice, pero sí temeroso.

–¿Cómo es eso?

–Mis hermanos sabían dónde estaba y se llevaron el secreto a la tumba porque temían que yo hiciera algo y que me mataran a mí también. Recuerdo que la primera vez que volví a España fue en 1952, por pedido de mi mujer, que quería ver a una tía que tenía allá. Desembarcamos en el puerto de La Coruña y lo primero que vi fue a las mujeres de luto. Todas las mujeres y algún hombre de negro también, parados en la acera. Y es que iba a pasar un personaje, el mismísimo Franco, el animal ese en su coche blindado, rodeado de moros con capas de lujo haciéndole escolta. Ostentando, entre toda esa gente que había perdido a sus seres queridos. Todo era luto en España. Había mucho miedo.

Buscar justicia

Ahora, Darío Rivas quiere que los crímenes del franquismo no queden impunes. Aunque España no los juzgue, la causa que impulsó, que ya suma una decena de querellantes, apelará a los principios universales que impiden que los crímenes de guerra, por ser de lesa humanidad, prescriban.

–¿Por qué España nunca logró juzgar los crímenes de la Guerra Civil?

–Durante la dictadura, el pueblo no se animó a reclamar porque literalmente te cortaban la cabeza, ¿pero hoy? Por un lado, está la complicidad de ciertos sectores. Muestra de eso es que en el Parlamento se hayan negado en julio pasado a derogar la Ley de Amnistía de 1977 o que le hayan iniciado un prevaricato al juez (Baltasar) Garzón por tratar de investigar. Ni siquiera la Real Academia Española quiere reconocer a Franco como dictador.

–¿Y por la otra parte?

–Hay una idiotez del pueblo. En España se han perdido los sentimientos: los jóvenes no protestan por la impunidad y, a los viejos, Franco les puso tanto pánico que todavía algunos le temen hoy, en democracia.

–¿Qué quisiera que se logre con esta denuncia?

–Hay 113 mil cuerpos desaparecidos, 30 mil niños secuestrados, 2500 fosas sin abrir en las que se acumulan los cuerpos a montones. En el cementerio de Zaragoza se fusilaron 1500 contra el paredón. Es una vergüenza. Quiero que se juzgue al franquismo. Eso sería agarrar a los que queden vivos y hacer que Franco quede en la historia como un dictador y un criminal de lesa humanidad, y no en un mausoleo turístico del “Valle de los Caídos”. Que los cadáveres se recuperen para ser entregados a sus familias como héroes, y no como víctimas, porque no murieron producto de un accidente, fueron asesinados por un dictador. Muchos españoles piensan que si hay cuerpos en fosas comunes, “por algo será”. Yo no quiero que ese pensamiento exista. Me recuerda lo que escuchábamos acá en la dictadura: “Algo habrán hecho”.

Diccionario de memoria histórica

El objetivo de la obra es aportar claridad conceptual y servir de instrumento para la necesaria reflexión crítica sobre la memoria histórica y sus posibilidades de futuro.

nuevatribuna.es | | 14 Noviembre 2011 – 18:28 h.

El Profesor Titular de Filosofía del Derecho Universidad Carlos III de Madrid, Rafael Escudero Alday, ha coordinado esta obra que se presentará el martes 15 de noviembre a las 19 horas en el Centro Cultural Blanquerna.

Editada por Los Libros de la Catarata, el ‘Diccionario de memoria histórica. Conceptos contra el olvido’ tiene como objetivo aportar claridad conceptual y servir de instrumento para la necesaria reflexión crítica sobre la memoria histórica y sus posibilidades de futuro.

“El proceso de recuperación de la memoria histórica, centrado en la justa reivindicación de las víctimas del franquismo, plantea un claro desafío de futuro: la construcción de una identidad cívico-social y de una ciudadanía respetuosa con la cultura de la legalidad, la democracia y los derechos humanos, basada en reivindicar el valor de la Segunda República y de la memoria de quienes la defendieron”.

La obra se estructura en cuatro ejes que engloban la definición de los principales conceptos de este proceso: las piezas de la memoria (Reyes Mate, José María Sauca, Francisco Ferrándiz y Mirta Núñez), el contexto de la memoria (Francisco Espinosa Maestre, Sebastián Martín, Ariel Jerez, José Antonio Martín Pallín, Ramón Sáez y Emilio Silva), las políticas de la memoria (Francisco Etxeberria, Rafael Escudero, Luis Castro y Antonio González Quintana) y la memoria y la lucha contra la impunidad (Javier Chinchón, Hernando Valencia, Margalida Capellà, Carmen Pérez González y Montse Armengou).

Rafael Escudero Alday es profesor titular de Filosofía del Derecho en la Universidad Carlos III de Madrid. Premio Extraordinario de Doctorado por esta misma Universidad, es autor de los siguientes libros: Positivismo y moral interna del Derecho (Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2000), Los calificativos del positivismo jurídico (Cívitas, 2004) eIntervención divina. El fracaso del Derecho en Palestina (Tirant lo Blanch, 2005). Ha sido editor de los siguientes libros colectivos: Los derechos a la sombra del muro. Un castigo más para el pueblo palestino (Los Libros de la Catarata, 2006), Segregados y recluidos. Los palestinos y las amenazas a su seguridad (Los Libros de la Catarata, 2008) y Conversaciones. La justicia en España (Los Libros de la Catarata, 2008). También ha coeditado, junto con José Antonio Martín Pallín, el libro Derecho y memoria histórica(Trotta, 2008) y, junto con Carmen Pérez González, La responsabilidad penal por la comisión de crímenes de guerra: el caso de Palestina (Aranzadi, 2009).

Presentación:

Centro Cultural Blanquerna

C/ Alcalá 44 – 28014 Madrid martes 15 de noviembre a las 19:00 hoas.

Intervendrán:

Teresa Aranguren, periodista

Emilio Silva, presidente de la Asociación de la memoria histórica y coautor del libro

José Antonio Martín Pallín, ex-magistrado del Tribunal Supremo y coautor del libro

Centro Cultural Blanquerna

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Fuente: nuevatribuna.es/articulo/cultura

LAS INCOGNITAS DE CASTUERA.

El campo de concentración de Castuera (Badajoz) Cecilio Gordillo. Jueves 14 de julio del 2005.

www.rojoynegro.info/2004/article.php3?id_article=5986

Durante estos días se celebran en Castuera (Badajoz) unas Jornadas sobre el Campo de Concentración que existió en dicha población y que aún permanece en la memoria de la mayoría de sus habitantes, pero también en otras miles de familias que repartidas por toda España tuvieron (y a muchos los hicieron desaparecer) a alguno de sus miembros en dicho campo. Estas jornadas es el segundo evento (el primero fue el pasado mes de Abril) que se realiza en este año y, además con un programa y unos ponentes que pueden ayudar a la reflexión pero también a aclarar algunas incógnitas de las que rodean ese momento histórico en esa comarca de Badajoz.

En 1999 visitando las localidades por donde pasaron algunos anarquistas andaluces (entre ellos el Dr. Pedro Vallina o el pedagogo José Sánchez Rosa) cuando fueron desterrados a la Siberia extremeña, buscando documentación y testimonios, alguno de los entrevistados o amigos que nos ayudaban (Pablo Ortiz, José María Lama, Paco Espinosa, etc..) nos hablaron de ese campo y de las bocaminas que lo rodean. Un año después realicé una visita a dicha localidad y mantuve un encuentro con su Alcalde y con el Presidente de la Diputación a los que les manifesté “…mi extrañeza por la escasa información existente y el silencio manifiesto que sobre este asunto reinaba en esta localidad, …. y la necesidad social e histórica de comenzar a tratar el tema por parte de las organizaciones políticas y las instituciones” . Con posterioridad, también le trasladé estas opiniones a la Consejería de Cultura de la Junta. El silencio seguía, y el miedo también.

Tuvieron que ser, una vez más, los medios de comunicación -entre ellos, el Periódico de Extremadura, pero también el suplemento dominical La Crónica de El Mundo, los informativos de Antena 3 TV y por último, el programa “La pesadilla de Castuera” de Línea 900 de TVE, y el inestimable valor de aquellos y aquellas ciudadanas que dieron sus testimonios, los que ayudaran a que, en primer lugar, el CEDER La Serena y posteriormente otras instituciones extremeñas tomaran la decisión de “meterle mano” de una vez por todas para comenzar a despejar estas incógnitas de nuestra historia más reciente que ha sido raptada a las últimas generaciones extremeñas, también a los que vivimos fuera de la tierra donde nacimos. Castuera es algo más que turrón y torta de queso.

Fuente: foroporlamemoria.info

Las víctimas del franquismo llevan su causa a Naciones Unidas reclamando una “acción urgente”

Según ha podido saber nuevatribuna.es, se trata de la primera denuncia que las víctimas de la dictadura presentan ante el Alto Comisionado de Derechos Humanos, con sede en Ginebra, ante la “negativa sistemática” del Estado español de buscar a los desaparecidos.

El Estado tiene la obligación de buscar a los desaparecidos según todos los Tratados Internacionales de Derechos Humanos

La situación de bloqueo en la investigación de los crímenes franquistas, el robo de niños y la exhumación de fosas, ha llevado a las víctimas a acudir a la ONU como única vía urgente ante la lentitud de los tribunales españoles y otras instancias internacionales y ante la negativa del Estado español a cumplir su labor de búsqueda de todos los desaparecidos.

Según ha podido conocer nuevatribuna.es, las víctimas del franquismo formalizaron este miércoles su denuncia ante la oficina del Alto Comisionado de Derechos Humanos de Naciones Unidas, con sede en Ginebra (Suiza).

El escrito, de más de cien páginas, va dirigido alRelator Especial para la Prevención de la Tortura y otros Tratos Inhumanos, el argentino Juan Méndez, al que de forma expresa se le pide que actúe de manera “urgente” para poner fin al sufrimiento de los familiares que siguen sin saber donde se encuentran sus seres queridos, muchos de ellos en situación de “especial riesgo al tratarse de personas de avanzada edad”, señala el autor del texto Miguel Ángel Rodríguez Arias, autor a su vez del caso de los ‘Niños Perdidos. Crímenes contra la Humanidad’ y de las primeras investigaciones jurídicas sobre los desaparecidos del franquismo.

La denuncia ha sido suscrita por varios colectivos de víctimas en otra de las acciones internacionales a su alcance aunque no descartan acudir al Tribunal Europeo de Derechos Humanos en Estrasburgo o el Relator ONU para la prevención del genocidio. Se trata, además, de la primera denuncia que las víctimas del franquismo presentan ante la ONU.

Las víctimas fundamentan su petición de “acción urgente” en la persistencia de “trato inhumano, cruel y degradante” por parte de Gobierno hacia varios miles de familiares directos de los desaparecidos de la dictadura franquista (casos de las fosas comunes clandestinas y de los niños víctimas de desaparición forzada), por no cumplir su deber en la localización de los restos mortales de al menos 113.000 víctimas desaparición forzada abandonados en fosas comunes clandestinas y de cientos de desaparecidos en combate en escenarios como la batalla del Ebro con restos mortales directamente insepultos, lo que viola el Segundo Protocolo de la Convención de Ginebra y la Convención de la Haya de 1898.

Una vez presentada la denuncia, el Relator –que es el que tiene competencias inmediatas ante una situación de sufrimiento-, podría iniciar en cualquier momento un procedimiento de investigación in situ, es decir, viniendo a España y acudiendo a los lugares donde se sabe están las fosas clandestinas, además de entrevistarse con los familiares. También podría optar por dirigirse por escrito al Gobierno para pedirle explicaciones de lo que está sucediendo.

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Exigen la retirada del monumento del falangista Onésimo Redondo

En un comunicado, la Plataforma para la retirada de símbolos franquistas reclama el cumplimiento de la Ley de la Memoria Histórica y recuerda que esta reivindicación cuenta con el respaldo de 5.680 firmas. 

La Plataforma para la retirada de nombres y símbolos franquistas se concentrará este sábado, día 5 de noviembre, en la Plaza Mayor de La Cistérniga (Valladolid), para exigir la retirada del monumento a Onésimo Redondo, uno de los fundadores de la JONS y conocido como el ‘caudillo de Castilla’.

CONOCIDO COMO EL "CAUDILLO DE CASTILLA"

En un comunicado, la Plataforma reclama el cumplimiento de la Ley de la Memoria Histórica y recuerda que esta retirada cuenta con el respaldo de 5.680 firmas que fueron entregadas el pasado 12 de mayo a la Subdelegación de Gobierno en la provincia.

Una vez celebrada la concentración, los manifestantes ascenderán hasta el cerro de San Cristóbal, donde se encuentra el monumento, para efectuar un derribo simbólico del mismo.

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