Los mercados, financieros por supuesto

Juan Hdez. Vigueras – Consejo Científico de ATTAC. / 15 Julio 2011 |

Desde la primavera de 2010, los españoles se encontraron con que la expresión “los mercados” se asociaba con nuevos planes de política económica que cambiaban el discurso del gobierno y que ese cambio significaba recortes concretos del gasto social, de retribuciones de los funcionarios y congelación de pensiones y privatizaciones. Las decisiones del gobierno tenían que someterse a los dictados de los mercados internacionales de la deuda pública con coste creciente para los préstamos a los que acudía el gobierno y con el temor de no encontrar compradores de esa deuda para equilibrar las cuentas, deterioradas con la crisis.

Hasta entonces, se había ignorado por autoridades y ciudadanía que esos “mercados” habían suministrado el abundante dinero barato derrochado en la especulación inmobiliaria y en el consumo suntuario. Pero, llegada la crisis y la consiguiente disminución de la recaudación tributaria, el gobierno dependía de los prestamistas internacionales; porque a lo largo de las últimas décadas, el Estado se ha ido desprendiendo de las fuentes propias de ingresos públicos, que habían quedado reducidas a los impuestos. Como en el caso de la mayoría de los Estados de la Unión Europea, las privatizaciones del patrimonio estatal les han hecho dependientes en un 90% de sus ingresos fiscales sujetos al albur de la coyuntura económica; y de la financiación internacional cuando flaquea el ahorro nacional. Y para colmo la competencia fiscal intraeuropea para atraer al capital ha conducido a sucesivas bajadas de impuestos, consideradas incluso política de izquierdas; y con la recesión, se han endeudado fuertemente con el exterior al garantizar inclusive el fuerte endeudamiento de sus bancos y cajas de ahorro en apuros a los que ha dado su aval hasta 100,000 millones de euros en España.

Desde mayo del año pasado, tras la expresión “los mercados” se asume el peso del entramado financiero mundial que busca rentabilidad para su dinero; todo un poder global que sufren, en especial, los gobiernos más débiles políticamente o más necesitados de financiación. Y se acepta la idea de la globalización de la banca, de los mercados financieros que dominan la economía productiva y de la supeditación de las políticas gubernamentales a la rentabilidad bancaria y de los fondos especulativos sin fronteras. Para el Fondo Monetario Internacional la idea de mercado es una herramienta intelectual para conformar todas las realidades económicas y políticas, como es el caso de las sociedades instrumentales que se domicilian en ciertos países y territorios, donde no realizan actividad económica local, para operaciones comerciales o financieras internacionales y a las que considera parte del mercado global de servicios financieros.

Y en esos mercados de servicios juegan también las conocidas agencias de calificación de riesgos crediticios que dan su calificación a las acciones de una empresa cotizada o de un banco igual que a un país. Un mercado donde las tres principales agencias se reparten ese servicio aceptado mundialmente a pesar de haber sido declaradas culpables en parte de la crisis financiera global, que es una de las conclusiones de la investigación sobre la crisis llevada a cabo por el Congreso estadounidense. Y estas empresas privadas siguen insertas sólidamente en casi cualquier parte del sistema financiero mundial. Se utilizan por los inversores para decidir en lo que quieren invertir; se utilizan para el cálculo del capital que necesitan los bancos, las compañías de seguros y otras entidades financieras; y se utilizan por el BCE para el cálculo de los recortes en la valoración de activos de los repos, préstamos a los bancos con garantía de activos; junto con muchas otras aplicaciones.

En el lenguaje actual el concepto de mercado traslada la idea de libertad de acción y por tanto de invención de nuevos productos que son objeto de intercambio comercial. En ningún campo económico se expresa con mayor claridad esta concepción ideológica del mercado como en el mundo financiero sin fronteras. Lo reflejaba muy bien la presentación de la guía del visitante de Bolsalia, la feria de la bolsa y los mercados financieros celebrada en mayo 2011 en el Palacio Municipal de Congresos de Madrid. Frente al entorno económico de cifras alarmantes de paro y falta de crédito para las empresas productivas, esta XII edición de Bolsalia se presentaba como un escenario “más optimista y más prometedor que el del pasado año”. La alta volatilidad existente en los mercados (financieros) ha ofrecido y ofrece importantes oportunidades a los inversores que deciden asumir un mínimo de riesgo, decía. Un millar de expertos ofrecían productos para invertir, desde acciones en grandes empresas productivas hasta productos innovadores complejos para el trading, la compraventa especulativa, como los CFD o contrato por diferencia que son apuestas sobre las fluctuaciones de los precios de divisas, materias primas, etc., sin tener divisas o materias primas; por tanto el “inversor” puede obtener beneficios en mercados tanto alcistas como bajistas.

Pero la atención pública de medios y de gobierno se centra en los mercados de los bonos del Tesoro que han de suministrar a los gobiernos la financiación de la recaudación y el ahorro de sus países, donde concurren firmas de inversiones, bancos globales y fondos liderados por “los vigilantes de los bonos” –apelativo anglosajón de los especuladores en deuda soberana- que piden rentabilidad máxima para sus inversiones sin demandas políticas concretas pero preocupados de entrada por los gobiernos “derrochadores” (dicen) y por los riesgos de insolvencia previsible o hipotética. Y en particular atentos a medidas tributarias directas que puedan dañar la rentabilidad de su inversión en bonos soberanos europeos, que siempre estará más garantizada si procede el exterior, por ejemplo de fondos opacos de un fideicomiso (trust) en Suiza.

Una anécdota de la etapa de Clinton ilustra el trasfondo político del problema. A pesar de aquel eslogan famoso electoral de “¡La economía, estúpido!, se cuenta que cuando Bill Clinton llegó como Presidente a la Casa Blanca en 1992, la cuestión clave era si la nueva Administración demócrata incrementaba el gasto público con programas sociales manteniendo la promesa electoral de recortes de impuestos para las clases medias o si optaba por equilibrar el presupuesto con el fin de mantener bajos los tipos de interés y superar el déficit dejado por la anterior Presidencia de Ronald Reagan. Clinton no estaba muy al tanto sobre el peso importante que ya había adquirido la gran banca de inversiones durante la etapa de Reagan, pero su mentor, Robert Rubin, un hombre de Wall Street (y mentor luego de Obama), que había sido el más importante recaudador de fondos para el partido demócrata y entonces director del recién creado Consejo de asesores económicos, defendía firmemente el equilibrio presupuestario y la importancia de establecer una relación cordial con el “mercado de los bonos” pretendiendo dotarse de unas bases sólidas para el crecimiento a largo plazo.

El argumento de Rubin era que el mercado de los bonos del Tesoro estadounidense solía desconfiar de los presidentes demócratas; y si “los operadores” – especuladores, diríamos – de ese mercado sospechaban que Clinton iba a caer en la “irresponsabilidad fiscal”, es decir, en el déficit persistente, exigirían mayores rentabilidades para comprar la deuda del gobierno estadounidense, empujando al alza a los tipos de interés en toda la economía y ahogando así el crecimiento económico. Era la teoría predominante entonces que aún sigue predominando. En consecuencia, al comenzar 1993, bajo la influencia de Rubin -que luego fue nombrado Secretario del Tesoro- en la primera reunión del equipo económico de Clinton se adoptó el acuerdo de que la reducción del déficit debía de ser la primera prioridad con el objetivo de lograr credibilidad ante Wall Street. Y después de adoptarse esa decisión clave para la política futura, uno de los asesores del Presidente, John Carville, comentó: “Yo solía pensar que si hubiera reencarnación, me gustaría regresar de Presidente o Papa o estrella del béisbol. Pero ahora pienso que me gustaría volver como “mercado de bonos” porque puedes intimidar a todo quisque”.

Tras la ironía de esa anécdota, se denunciaba la opción política de futuro adoptada, que ahora se esconde tras la expresión “los mercados”. Bastantes años después, el citado informe del Congreso estadounidense sobre la crisis incluye muchas referencias a las medidas desreguladoras adoptadas por la Administración Clinton de las que se deduce claramente que la decisión política soterrada en la anécdota anterior, llevó al desmadre y luego al colapso de Wall Street, evitado por Washington gracias al dinero de los contribuyentes y traspasando la carga de la insolvencia bancaria al Estado.-

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Fuente: attac.es

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¿Y si atacamos nosotros a los mercados?

Isaac Rosa – Comité de Apoyo de ATTAC. / 19 Julio 2011 | 

“El Gobierno italiano ha lanzado un ambicioso plan, pero cualquier desvío de los objetivos fiscales presionaría el rating a la baja” – David Riley, director de deuda soberana de Fitch-

En el campeonato que disputan los mercados y la Unión Europea, una semana más la victoria ha sido para los mercados, que goleada tras goleada van camino de hacerse con el trofeo, mientras Europa no sólo no ha ganado ni un partido hasta ahora, sino que no ha metido todavía un solo gol. Más aún: ni siquiera ha tirado a puerta, pues juega a la defensiva, despejando balones mediante la vieja táctica del patadón y a donde caiga.

Esta semana han sido los defensas italianos los que han hecho el ridículo, metiéndose un gol en propia meta: en cuanto los mercados han enseñado la patita, el Gobierno italiano se ha muerto de miedo y ha tardado horas en aprobar un brutal plan de recortes.

Como los mercados nos golean sin despeinarse, y los nuestros ni siquiera miran a puerta, uno empieza a pensar si no estará amañado el partido. Porque después de tantos ataques sufridos, todavía estamos esperando que un día la prensa titule: “Europa ataca a los mercados.” Ya digo, aunque sea sólo un día.

No, no se rían. ¿Por qué no podríamos ser nosotros los que, por una vez, les atacásemos a ellos? No digo que fuésemos a ganar el partido, pero por lo menos intentarlo, que hasta ahora ni eso. Es un escándalo que después de tres años largos de crisis, todavía nuestros gobernantes no hayan metido mano a prácticas que están en el núcleo de la especulación, como el cambalache con los famosos CDS, las ventas al descubierto o las agencias de rating.

Sí, los mercados serán todo lo poderosos que quieran, y si les tosiéramos se pondrían todavía más furiosos. Pero si toda una Unión Europea se arruga con esa facilidad, y renuncia a usar su capacidad legislativa y su fuerza económica, entonces ya me dirán para qué estamos en Europa. Porque insisto: es que ni lo han intentado.

Si esa inacción nos garantizase la paz, todavía se podría discutir. Pero es que encima las cesiones a los mercados tampoco nos salvan, más bien al contrario, al exponer nuestra debilidad. ¿O creen los italianos que se van a librar de nuevos ataques por haber aprobado estos recortes?

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Fuente: attac.es

Los mercaderes nos cuentan cuentos

Antonio Aramayona – ATTAC Aragón. / 20 Julio 2011 |

Nos habían pintado un mercado ideal, donde productores, vendedores y compradores de un mismo producto o servicio establecen en armónico equilibrio los precios. Hablaron incluso de una “competencia perfecta”, en la que el precio es el resultado natural de la interacción entre la oferta y la demanda. Para ellos, el mundo se compone de millones de compradores y vendedores que viven, respiran, consumen y fijan precios de forma libre, natural y espontánea. A su vez, las empresas deciden cuánto producir y los consumidores cuánto adquirir en el plácido balanceo de las “curvas de demanda” y los “equilibrios parciales” del mercado, que siempre es “libre”, pues el precio de los bienes y servicios son acordados civilizadamente por los vendedores y los consumidores, mediante las leyes de la oferta y la demanda, y la libre competencia.

Adam Smith hizo famosa la “mano invisible” del mercado, cual divina providencia en el mundo económico, que exige a los humanos el sagrado deber de garantizar la competencia, capaz por sí misma de determinar con justeza y justicia los precios, la oferta y la demanda de los productos. Con tal de que no se meta por medio el Estado, la mano invisible, al compás de las leyes objetivas de la oferta y la demanda, compensa cualquier desequilibrio y regula las oscilaciones económicas dentro del mercado libre y equitativo, por encima de los intereses y las pasiones individuales de los hombres.

Otros, como F. A. von Hayek, llegan a afirmar que todo es consecuencia de un “orden espontáneo” en el mundo natural y económico: así como existen el lenguaje, la música, los gobiernos y las leyes como respuesta natural a unas necesidades concretas, de igual modo el sistema de los mercados ha surgido de forma espontánea como vía óptima para alcanzar el progreso y el bienestar, con tal de que los Gobiernos e instituciones no interfieran en ese proceso espontáneo y natural de la oferta y la demanda.

Sin embargo, desde el inicio mismo del liberalismo la libertad y el justo equilibro brillaron por su ausencia, comenzando por la raíz misma de las relaciones económicas: la compraventa de la fuerza de trabajo de los productores a cambio de un salario y en la que el capital obtiene una plusvalía. Desde entonces, una sola constante ha permanecido inalterable: una minoría se ha enriquecido a costa de la inmensa mayoría de la población. Las leyes y los sistemas han sido impuestos por esa minoría, que ha financiado y eliminado a su antojo campañas, candidatos y grupos ideológicos y de presión. Finalmente, en un proceso constante de oligopolios y monopolios financieros el desequilibrio económico se ha hecho mundial, en pos de mano de obra cada vez más barata y de materias primas en países subdesarrollados salvajemente explotados.

Por lo mismo, sus mercados supuestamente libres se han ido quitado la careta sin el menor sonrojo para implantar un mundo económico mundial sin regulación alguna y sin ningún control. Pululan diariamente por las redes invisibles de los mercados financieros enormes cantidades de dinero, equivalentes al PIB de muchos países desarrollados, sin que nadie pueda y ose poner coto legal a los negocios sin límite de “los mercados”. Sacan a relucir cada día Wall Street o las Bolsas de Tokio, Frankfurt o Londres, pero jamás hablan de las islas Caimán, Cook, Vírgenes o Man, paraísos fiscales por los que pasa el 50% de las transacciones financieras mundiales y donde está depositado impunemente el 23% de los depósitos bancarios del mundo. Nos aturden noche y día hablando de terrorismo internacional y de seguridad mundial, pero ocultan que el peor de los terrorismos es el terrorismo financiero que perpetran.

En los medios aparece profusa y crecientemente la eufemística expresión “los mercados”, donde desde la estratosfera rica y financiera compran y venden el mundo y la vida. Los mercados parecen sufrir, presionar, ahogar o dar alivio a determinados países, tener euforia o ansiedad devoradora… Pero nada se dice sobre quiénes están detrás de esos “mercados” que juegan al Monopoly con las deudas de los países, que imponen recortes salvajes y reducción del déficit, que tienen en sus manos la soberanía misma de los países.

Leemos incluso que EE.UU. puede estar al borde de la quiebra y declararse en suspensión de pagos porque para una minoría radical e intransigente reducir el déficit sin subir impuestos constituye un dogma de fe. A la vez, la superempresa financiera JP Morgan Chase, que aprovechó la crisis de las subprime en 2008 para enriquecerse hasta los tuétanos, anuncia que ha obtenido un beneficio neto trimestral de 5.430 millones de dólares, con unos ingresos entre abril y junio de 26.780 millones de dólares. Ese mismo día nos enteramos de que diez millones de africanos están en peligro de morir de hambre.

Más claro, agua.

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Fuente: attac.es

Regla de oro : los pueblos no deben pagar su crisis

Translated mercredi 20 juillet 2011, par J.A.Pina

La Unión Europea y los gobiernos utilizan las deudas públicas para imponer a los pueblos de Europa una verdadera purga social. Mientras los bancos y otros operadores financieros nunca dejan de especular sobre las deudas públicas, necesitan que sea el pueblo quien pague una crisis de la que los mercados financieros son los primeros responsables y únicos beneficiarios.

Por todo ello, los gobiernos de la Unión, la Comisión Europea y el Parlamento Europeo, con la participación activa del Banco Central Europeo y del Fondo Monetario Internacional, quieren imponer una nueva gobernanza económica sometida a las finanzas con el objetivo de incrementar la vigilancia de los presupuestos nacionales, de endurecer las sanciones contra los Estados en caso de déficit “considerado” excesivo y de reducir los gastos públicos.

El pacto « euro plus » utilizaba ya la crisis de la deuda para imponer la austeridad, la bajada de los salarios, de los subsidios y de las pensiones, la disminución del número de funcionarios, la flexibilidad laboral, el retroceso de la edad de jubilación, el desmantelamiento de los sistemas de protección social, reduciendo al mismo tiempo el poder de las organizaciones sindicales. ¡Todo, para único beneficio de los accionistas de las grandes empresas y del sistema financiero internacional ! Una medida ya tomada, en el “semestre europeo”, apunta a someter al Consejo y a la Comisión, los presupuestos de los Estados antes incluso de que sean discutidos por los parlamentos nacionales.

Para intentar dejar atado totalmente este montaje, los gobiernos europeos quieren incluir en la ley fundamental de los Estados el objetivo de equilibrio presupuestario, lo que Nicolás Sarkozy llama “la regla de oro”. Estúpida económicamente, ¿qué hubiera pasado si esta regla se hubiera aplicado en el momento de la crisis financiera, cuando los Estados reflotaron los bancos ?, esta propuesta es una agresión contra la democracia, porque las políticas económicas serían totalmente sustraídas al debate público y a la decisión ciudadana. Semejante disposición, adoptada por los parlamentarios de las dos cámaras, no debe ser incluida en la Constitución francesa, como quieren el Presidente de la Republica y la Unión Europea.

Los ciudadanos y ciudadanas no deben pagar las deudas que son el resultado de la sumisión de los Estados a los mercados financieros. Estas deudas son ilegítimas y los pueblos no deben pagar los platos rotos. Hay que exigir ya una moratoria y auditorias ciudadanas sobre las deudas públicas. En lo inmediato, las organizaciones firmantes llaman a las ciudadanas y ciudadanos, a sus organizaciones sociales, sindicales y políticas a movilizarse contra la inclusión en la Constitución de la austeridad y los parlamentarios deben votar contra este texto si Nicolás Sarkozy se atreve a pesar de todo a convocar el Parlamento en congreso en Versalles.

ATTAC, CGT-Finances, FASE, Fondation Copernic, GU, Les Alternatifs, Marches européennes, MPEP, NPA, PCF, PCOF, PG, Union syndicale Solidaires.

Fuente: humanite en espanol

[Bélgica] Ryanair: el Presidente y Director General repite el mismo chantaje que en Francia

…. O´Leary amenaza, por supuesto, con abandonar Bélgica.

l´Humanité | Para Kaos en la Red | Jueves 21/07/2011 a las 14:23 | 

Los trabajadores belgas de Ryanair se enfrentan a los métodos de su patrón, el irlandés Michael O´Leary, y a las condiciones laborales que impone. Apoyados por su sindicato (CNE), 5 miembros de la tripulación van a llevar ante la justicia al empresario. Trabajando en aviones irlandeses, están sometidos al derecho de esta isla, poco favorable a los trabajadores  : 16,20 € brutos por hora de vuelo efectivo (retrasos en tierra, averías, enfermedades etc., no son remunerados), gastos de formación a cargo del personal, nada de cotizaciones a la Seguridad Social…

Después de los trabajadores franceses, italianos y españoles, les toca a los belgas denunciar los chantajes de O´Leary que amenaza, por supuesto, con abandonar Bélgica.

Traducción de J.A. www.humanite-en-espanol.com/

Fuente: kaosenlared.net

Alemania va bien, los alemanes no tanto

Rafael Poch La Vanguardia / 03-04-2011

En los últimos veinte años, el generoso Estado social alemán, ha perdido sustancia. Lo mismo ha ocurrido con la estabilidad y la calidad del empleo, que sigue siendo muy superior a la de la Europa del sur. Hoy, cuando el ciudadano contempla retrospectivamente el país en el que regía el Deutsche Mark, puede sentir cierto retroceso y degradación de la vida social Oliver de Ros

Si Alemania va tan bien, si crece un 3,5%, si tiene un desempleo moderado del 7% y tanto consenso social, ¿por qué su gobierno pierde una elección tras otra, como acaba de ocurrir en Baden-Württemberg, la región más próspera del país? ¿Por qué “ciudadano enfadado” (Wüttburger) ha sido declarada “palabra del año”? Puede que Alemania vaya bien -sobre todo comparada con la Europa del sur- pero los alemanes no tanto.

Tras la tópica afirmación española de que Alemania va bien porque, a diferencia de otros, “hizo los deberes”, se oculta una década de erosión del “Modell Deutschland” y del llamado “capitalismo renano” que enrareció el ambiente social. Aquel sistema de economía social de mercado construido alrededor del consenso fue, en gran medida, disuelto por la tardía, pero profunda, rendición alemana ante el neoliberalismo. La “ley de modernización de la inversión” del año 2004 autorizó los “hedge fonds”. Siete años después, la situación de los bancos alemanes es, “la más difícil de la UE”, según el Comisario europeo de Competencia, Joaquín Almunia.

Atención desviada

Los alemanes expresan una comprensión extremadamente crítica de la situación en la que se encuentra su país, tal como muestra una encuesta conjunta de la Universidad de Hohenheim y la banca ING-DiBA de Francfort que acaba de divulgarse. Pagar por los errores de otros es el asunto central de esta irritación nacional. Tres de cada cuatro alemanes (74%) creen que la política sirve a los intereses de las finanzas y la mayoría no cree que la política haya controlado la crisis financiera. Casi dos tercios opinan que sus políticos son incompetentes y los financieros irresponsables. Bombardeada por una intensa campaña institucional de “Alemania va bien”, la ciudadanía no ha comprado ese mensaje y demuestra un fuerte escepticismo.

Desde el gobierno y los medios de comunicación se ha practicado un sutil cambio de responsabilidad. Los alemanes pagaron 480.000 millones para salvar a sus bancos, más la parte que les corresponde en el salvamento del euro, directamente relacionado con sus propios bancos y los de otros países. Los países manirrotos de Europa han sido identificados como el malvado sujeto por el que hay que pagar, aunque la exposición de los bancos alemanes en deuda pública griega portuguesa, española, italiana e irlandesa ascienda a 612.000 millones de dólares. Los manirrotos europeos han cubierto a los bancos, a todos los bancos, incluidos los alemanes, en lo que ha sido, en última instancia, un recurso nacionalista. En parte este truco ha funcionado, pero hasta en la prensa nacional se habla de la situación de los bancos alemanes como “el secreto mejor guardado”.

Erosión del consenso tradicional

El otro gran aspecto del cambio que explica el malhumor alemán es resultado de quince años de aumento de las desigualdades y de la precariedad laboral. Alemania siempre fue un país socialmente más nivelado y laboralmente más sólido y seguro que la media europea, y esta regresión corroe los fundamentos del consenso social.

Desde 1990 hasta hoy, los impuestos a los más ricos bajaron un 10%, mientras que la imposición fiscal a la clase media subió un 13%. En veinte años la clase media se ha reducido, pasando del 65% a englobar al 59%. Los salarios reales se han reducido un 0,9%, mientras que los sueldos superiores y los ingresos por beneficios y patrimonio aumentaron un 36%. En 1987 los directivos de las principales empresas (índice DAX) ganaban como media 14 veces más que sus empleados, hoy ganan 44 veces más. Incluso en Alemania, la clase media está descubriendo la precariedad.

En el país de la seguridad laboral, un 22% de la población está hoy empleada en condiciones precarias y las cifras de paro son tan relativas como las que los griegos dieron en su día sobre sus cuentas. Oficialmente hay 3 millones de parados, pero no se cuentan las personas mayores de 58 años y las que figuran como no contabilizables. Tampoco entran en la estadística determinadas categorías no aseguradas, quienes asisten a cursillos de formación e integración, así como los parados que buscan trabajo mediante agencias privadas de empleo”, explica a La Vanguardia Dierk Hirschel, economista jefe de la Federación Alemana de Sindicatos (DGB). Así, la cifra de parados ya asciende a 4,1 millones. A ellos se suma otro 1,2 millones de personas que buscan trabajo sin estar registradas en las oficinas de empleo porque no tienen derecho a subvención alguna. Finalmente se incluye la consideración sobre, “4,2 millones de personas que trabajan involuntariamente a tiempo parcial, o que ganan tan poco que su salario no les alcanza para vivir”. Con todo eso en la cuenta, “el subempleo alemán afecta a 9,5 millones de personas, es decir tres veces más que lo reconocido por la cifra oficial de parados”, dice este economista.

Entre 1996 y 2010 el número de trabajadores temporales se ha multiplicado por cuatro, pasando de 180.000 a 800.000, y afecta cada vez más a personas cualificadas. Uno de cada dos trabajadores alemanes recibe inicialmente un contrato temporal. “El empleo temporal repercute negativamente en el bienestar de las personas e influye en su sentimiento de exclusión social”, “una integración estable en el mercado de trabajo es la condición esencial de la integración social”, constata un estudio de la Agencia Federal de Trabajo (BA).

El Estado social alemán sigue siendo amplio y la cogestión sindical en las empresas continua siendo un factor diferencial, pero la Alemania de hoy no es la de hace veinte años, cuando el espantajo comunista determinaba énfasis sociales que se han ido fundiendo. Obviamente, tampoco la moral del trabajo, e incluso las infraestructuras, son las mismas. Ahí es donde hay que situar la tan mencionada “nostalgia por el Deutsche Mark”: la diferencia no era la moneda, sino buena parte del clima social del país.

Crisis de lo político

Que todo esto no fuera propiciado por gobiernos conservadores de la CDU y el FDP, sino iniciado por verdes y socialdemócratas, explica que la crisis política afecte a todos los partidos, incluidos el socialdemócrata (SPD), que es el más castigado. Los verdes salen inmunes porque su electorado es sociológicamente uno de los menos sensibles a este cambio fundamental y de momento se benefician, pero el malhumor es bastante general.

Casi dos tercios de los alemanes (64%) creen que a los políticos les falta competencia para elaborar una estrategia capaz de prever las intenciones de las instituciones financieras, señala la encuesta de la Universidad de Hohenheim, según la cual domina la confusión: la evolución de la situación en los países de la UE, en los mercados financieros, así como las medidas políticas para contener la crisis, apenas son comprensibles. Tres cuartas partes de los encuestados (74%) dan por hecho que los políticos están más pendientes de los intereses del sector financiero que de los contribuyentes. Más de la mitad de la población está convencida de que la crisis financiera no puede ser controlada, y sólo uno de cada cuatro confía en que la política aumente a largo plazo su capacidad de influir sobre la economía y los bancos, señala el resumen del estudio.

“La gente parece cada vez menos cegada por frases como “no hay alternativa”, dice Claudia Mast, profesora de estudios de la comunicación en la Universidad de Hohenheim. “Los ciudadanos creen que los políticos no han hecho lo suficiente y temen que la crisis financiera se repita con aun mayor fuerza. Eso equivale a un voto de castigo a los bancos y compañías de seguros, pero también a los políticos”, dice a La Vanguardia esta coautora de la encuesta.

Mast subraya el escaso contraste de esta malhumorada opinión entre los diferentes grupos de la sociedad. “Apenas hay diferencia entre jóvenes y mayores, urbanos o rurales, o entre profesiones. La desconfianza hacia los políticos y el sector financiero se extiende por igual entre toda la población”, dice. La combinación de la prolongación de la vida de las centrales nucleares, decidida por Angela Merkel en septiembre, cotejada con la megacrisis nuclear de Fukushima, arroja el último dato de este latente enfado alemán de largo recorrido.

Linklavanguardia.es

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Fuente: rebelion.org

Atraco perfecto

Es el atraco perfecto. Con alevosía y reiteración. Primero una quiebra del sistema financiero, víctima de su propio latrocinio, que se salva mediante un rescate astronómico a base de dinero público.

Rafael Poch | La Vanguardia | 12-2-2011 a las 1:27 |

Es el atraco perfecto. Con alevosía y reiteración. Primero una quiebra del sistema financiero, víctima de su propio latrocinio, que se salva mediante un rescate astronómico a base de dinero público. La cifra del coste neto del rescate para el conjunto de los países del G-20 facilitada por el Ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, es 905.000 millones de dólares. Sumado al monto de los paquetes de estímulo de los respectivos estados nacionales, toda esa inyección aumentó en un año la deuda pública de la eurozona en casi diez puntos, desde el 69,3% en 2008, al 78,7% del PIB en 2009. Entonces se preparó el terreno para el segundo atraco. El truco ha sido olvidar el motivo y centrarse en la consecuencia. El problema es la deuda, se dice, no el orden atracador que la ocasionó. El casino ha desaparecido. Es la deuda. ¿La solución?: un segundo robo.

El segundo atraco es el desmonte social. La deuda es resultado del excesivo gasto social, se dice. Así pues; menos seguro de paro, peor seguridad social, más privatización, más desmonte de lo público, retroceso de derechos laborales, más abuso y más desigualdad. Los ladrones del primer atraco regresan al escenario del crimen para robar más. Los bancos siguen generando beneficios, en Europa y América el año pasado. Las restructuraciones se utilizan para comprar a bajo precio otros bancos, acabar con los aspectos no lucrativos de las cajas de ahorro y continuar engordando. En las empresas todos se cuadran, ¿quién se atreve a ser gallito? Un nuevo miedo alimenta la disciplina del sí a todo y a cualquier precio. No hay línea de contención: hasta los sindicatos firman. El horizonte es un regreso al antiguo régimen absolutista, donde el patrón tenía derecho de pernada. Lo que quedaba de la dignidad del trabajador, del empleado, del profesional, se va al garete. ¡Esto es el ejército, chico!

Ha habido mucho delito en todo lo que ha ocurrido en esta crisis, pero ni un sólo proceso judicial, señal indudable de una grave degeneración del Estado de derecho, cuyo mensaje es: los criminales no pagan. Si es así,   la democracia no vale una higa, robar no es delito, la irresponsabilidad se premia. Vale todo. La arruga es bella. Esta impunidad pasará factura, no lo duden.

En toda Europa cobran un nuevo vigor ideologías y actitudes de desprecio del débil y de ridiculización de la solidaridad, la ética y el espíritu recto (“buenismo”), que están directamente emparentadas con las que convirtieron Europa en una cloaca sangrienta hace ochenta años.

En la Unión Europea hay que coordinarse económicamente, es cierto, pero el asunto se utiliza para imponer más austeridad y recorte en nombre de la “competitividad”. El planteamiento está manifiestamente errado, y en especial para los países más débiles de la zona euro a los que la receta asfixia aun más. Y eh aquí que toda una legión de tecnócratas y servidores mediáticos repiten como loritos lo de “hacer los deberes”, “no somos competitivos” porque tenemos demasiados derechos, somos “poco flexibles”, trabajamos poco y nos jubilamos demasiado pronto teniendo en cuenta la “evolución demográfica”… La crisis no es sólo un asunto de bancos, es del sistema, todo él, incluido su aparato de propaganda, disciplinado y mendaz. Alemania, el país que está liderando esta vía a ninguna parte en la Unión Europea es presentada como modelo de virtud y razón por toda esa legión. “Ello crecen porque hicieron los deberes antes”, dicen, sin entender nada. Los propios políticos, presionados por una apisonadora que les priva de toda soberanía, aplauden una política directamente adversa al “interés nacional” de país. Estupidez y masoquismo.

Es el atraco perfecto: con el aplauso de gran parte de las víctimas, mientras otra gran parte duerme el dulce sueño de la telebasura que le brinda el entretenimiento. Hasta los que son conscientes de la situación, se niegan a tomar la palabra. Cuando la necesidad de un enérgico y general rechazo se está haciendo imperativa, ni siquiera tenemos una Plaza Tahrir.

Link: blogs.lavanguardia.es

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kaosenlared.net

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