Revolución tecnológica y política: caminamos al siglo XIX

nuevatribuna.es | Pedro L. Angosto | 19 Octubre 2011 – 22:26 h.
Como es sabido, entre finales del siglo XVIII y principios del XIX tuvo lugar en Inglaterra la primera revolución industrial de la historia. Dos factores contribuyeron sobremanera a su éxito, la máquina de vapor, que permitió la motorización de la industria hasta entonces artesanal, y la “Jenny”, un fabuloso aparato de tejer que posibilitaba la producción de prendas de vestir a gran escala. Aquella primera revolución apenas salió de Inglaterra, pero en esa isla se produjeron los primeros desplazamientos masivos del campo a la ciudad, dando lugar al hacinamiento de la población en esos barrios insalubres que tan bien describió Charles Dickens. Atemorizados y reprimidos por la policía al servicio Su Majestad y del capital, los trabajadores apenas pudieron responder adecuadamente a las nuevas condiciones de trabajo que imponía la primera sociedad industrial, tan sólo las protestas de Ned Ludd y sus seguidores, quemando telares y máquinas que arrojaban al paro a miles de obreros, dejaron huella de la terrible situación en la que quedaron centenares de miles de personas desplazadas del campo a la ciudad para malvivir, yendo luego de un barrio a otro en busca de un jornal que sirviese siquiera para dar un vaso de leche a la prole.

Con la concentración de obreros en las fábricas, surgieron durante el siglo XIX los primeros teóricos de la emancipación de los trabajadores, los socialistas utópicos, a quienes sucederían a mediados de siglo dos de las figuras más notables de la historia de la Humanidad: Carlos Marx y Federico Engels, quienes en su Manifiesto comunista de 1848 ponían las bases del socialismo y la filosofía moderna, haciendo una llamada a los intelectuales para adelantar con su acción el ritmo de los acontecimientos: “Hasta ahora los filósofos han interpretado el mundo, a partir de ahora deberían ayudar a cambiarlo”. Aquella frase histórica pronunciada hace más de ciento cincuenta años, mal que les pese a muchos acomodados y pesebreros, es tan actual hoy como entonces y tendrían que aplicársela quienes viven en los altares de la mediocridad política e intelectual de un sistema cada día más inhumano y salvaje. El siglo XIX transcurrió entre revoluciones relativamente fracasadas que hicieron pensar a los gobernantes que algo había que cambiar, no obstante, la más avanzada de todas ellas, la acaecida en París en 1871, terminó con el fusilamiento por parte de Thiers y MacMahon de varios miles de revolucionarios y la deportación a Nueva Caledonia de por vida de otros tantos. La Ley Marcial imperó en Francia durante los cinco años siguientes, dejando claro que no cabía más sistema que el de la explotación del hombre por los hombres “bien nacidos”. Terminaron así, con un inmenso baño de sangre, las primeras respuestas organizadas de la clase obrera contra la primera revolución industrial.

Desde 1880 a 1914 tuvo lugar la segunda revolución industrial, caracterizada en este caso por la expansión del ferrocarril y del barco de vapor, la aparición de la industria siderúrgica y química, la irrupción del automóvil, del petróleo como combustible y del espectacular desarrollo de la banca y las transacciones comerciales, así como por la producción en serie, el taylorismo y el colonialismo. Es durante este periodo cuando se produce la mayor migración del campo a la ciudad en Europa, Estados Unidos y Japón, surgiendo a su vez el movimiento obrero que hoy –cuando más necesario es- languidece ante la atomización de la sociedad, la manipulación mediática y la globalización del capital. Aunque persistieron modos de lucha como el ludismo, el sabotaje o el boicot, el movimiento obrero, más organizado, a través de huelgas y manifestaciones brutalmente reprimidas por los gobiernos, consiguió en las décadas siguientes que las leyes recogiesen demandas históricas como el sufragio universal, los derechos de reunión, manifestación y libre expresión, la jornada de ocho horas, el descanso dominical, las vacaciones anuales, el seguro social, la jubilación pagada y el acceso a la educación. Empero, aunque las leyes de los países más desarrollados fueron recogiendo esos derechos, su aplicación tuvo que esperar a que la dos guerras mundiales, la de 1914-1918 y la de 1936-1945, bañasen de sangre y destrucción el Viejo Continente, también a que la URSS se convirtiese en una gran potencia militar y en una seria amenaza para el capitalismo Occidental. Sólo entonces, cuando las ciudades de Europa estaban en ruina y sus cementerios llenos a rebosar de cadáveres de inocentes, los gobiernos se decidieron, no por convicción sino por temor a una futura revolución, a aplicar las medidas que fueron aprobadas antes de la Gran Guerra.

Por tanto, es necesario que seamos conscientes de que eso que llamamos Estado del Bienestar, que es la fórmula de organización social más justa de las que hasta la fecha se ha dotado el hombre, nació hace solo sesenta años gracias a las luchas de los trabajadores occidentales y al temor a la URSS, y que desde la desaparición de la URSS, el surgimiento del individualismo extremo y la disminución del poder de los sindicatos de clase, se está produciendo por diversas artimañas el desmantelamiento de todo lo conseguido. Se nos dice ahora que el Estado ha engordado mucho y que debe adelgazar para salir de la crisis: Cuentos chinos, todo viene de mucho antes, desde que Tacher y Reagan decidieron poner al Estado en almoneda después de comprobar que, al mismo tiempo que se descomponía la URSS, triunfaba su estrategia mediática para dividir a los trabajadores en castas según puesto e ingresos. Desde entonces -hablamos de 1980- todas las crisis, pequeñas o grandes, se han saldado del mismo modo, entregando partes cada vez mayores del Estado a los negociantes, reduciendo derechos laborales y sociales, aumentando la economía sumergida, reduciendo los impuestos directos y progresivos a los más ricos, aumentando los indirectos y dando todas las facilidades para que los capitales se muevan a sus anchas sin control alguno por parte de los Estados.

Sin embargo, sería pueril pensar que eso ha sucedido porque sí. El proceso es largo, y a la desaparición de la URSS, la desmovilización de una clase obrera aburguesada, desclasada e indolente, habría que añadir la aparición de las economías emergentes orientales gracias a las inversiones de los capitalistas de Occidente que buscaban mano de obra barata y, sobre todo, los efectos de la última revolución tecnológica, la de las computadoras. Nada de lo que ha sucedido en el mundo habría sido posible sin los ordenadores, sin internet, sin la robotización, sin las nuevas tecnologías que podrían haber sido un maravilloso invento para mejorar la vida de los hombres, pero que al surgir en un momento de desmovilización social generalizada, se han convertido en máquinas de destrucción masiva de puestos de trabajo y, por ello, de creación de miseria: Ni los movimientos masivos de capitales, ni la deslocalización industrial, ni la especulación financiera habrían sido posibles sin esos aparatos que han penetrado hasta en lo más íntimo de nuestro ser, no para facilitarnos la vida, como debería haber sido, sino para esclavizarnos, porque ante la gigantesca revolución tecnológica a que asistimos desde hace dos décadas, no quedaba más remedio, como ocurrió con las anteriores, que reducir la jornada laboral, la edad de jubilación y aumentar las vacaciones, es decir, repartir el trabajo, hacer lo contrario de lo que se está haciendo.

Asistimos, sin duda, a la mayor revolución tecnológica de la historia, una revolución que permite a un solo hombre hacer el trabajo que antes hacían diez, que ha eliminado para siempre cientos de oficios y profesiones. Miren a su alrededor, en cualquier sector, las máquinas están sustituyendo al hombre mientras el hombre calla. Sin embargo, en el pecado llevan la penitencia: Las máquinas pueden producir mucho, pero no consumen e impiden que las personas puedan hacerlo, y sin un consumo sostenible nunca se saldrá de la crisis, jamás. Se impone, pues, una formidable reacción ciudadana para repartir el trabajo que queda y avanzar hacia una sociedad en la que todo, incluidos mercados y máquinas, estén al servicio de las personas. Nunca al revés. De no producirse esa contestación rotunda y definitiva, las puertas del siglo XIX quedarán abiertas durante muchas décadas. Como hemos podido comprobar el 15 de Octubre, hay señales que anuncian que una parte de la sociedad dormida comienza a desperezarse, pero, por otro lado, hay amenazas que pueden sumirnos en el más negro de los sueños: Que el 20 de noviembre próximo los franquistas neocon ganen las elecciones y, por primera vez en treinta y cinco años, todo el poder, todos los poderes estén en manos de los mismos que habrían gobernado si la dictadura del genocida Franco no hubiese desaparecido. Estamos a tiempo.

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Los mercados, financieros por supuesto

Juan Hdez. Vigueras – Consejo Científico de ATTAC. / 15 Julio 2011 |

Desde la primavera de 2010, los españoles se encontraron con que la expresión “los mercados” se asociaba con nuevos planes de política económica que cambiaban el discurso del gobierno y que ese cambio significaba recortes concretos del gasto social, de retribuciones de los funcionarios y congelación de pensiones y privatizaciones. Las decisiones del gobierno tenían que someterse a los dictados de los mercados internacionales de la deuda pública con coste creciente para los préstamos a los que acudía el gobierno y con el temor de no encontrar compradores de esa deuda para equilibrar las cuentas, deterioradas con la crisis.

Hasta entonces, se había ignorado por autoridades y ciudadanía que esos “mercados” habían suministrado el abundante dinero barato derrochado en la especulación inmobiliaria y en el consumo suntuario. Pero, llegada la crisis y la consiguiente disminución de la recaudación tributaria, el gobierno dependía de los prestamistas internacionales; porque a lo largo de las últimas décadas, el Estado se ha ido desprendiendo de las fuentes propias de ingresos públicos, que habían quedado reducidas a los impuestos. Como en el caso de la mayoría de los Estados de la Unión Europea, las privatizaciones del patrimonio estatal les han hecho dependientes en un 90% de sus ingresos fiscales sujetos al albur de la coyuntura económica; y de la financiación internacional cuando flaquea el ahorro nacional. Y para colmo la competencia fiscal intraeuropea para atraer al capital ha conducido a sucesivas bajadas de impuestos, consideradas incluso política de izquierdas; y con la recesión, se han endeudado fuertemente con el exterior al garantizar inclusive el fuerte endeudamiento de sus bancos y cajas de ahorro en apuros a los que ha dado su aval hasta 100,000 millones de euros en España.

Desde mayo del año pasado, tras la expresión “los mercados” se asume el peso del entramado financiero mundial que busca rentabilidad para su dinero; todo un poder global que sufren, en especial, los gobiernos más débiles políticamente o más necesitados de financiación. Y se acepta la idea de la globalización de la banca, de los mercados financieros que dominan la economía productiva y de la supeditación de las políticas gubernamentales a la rentabilidad bancaria y de los fondos especulativos sin fronteras. Para el Fondo Monetario Internacional la idea de mercado es una herramienta intelectual para conformar todas las realidades económicas y políticas, como es el caso de las sociedades instrumentales que se domicilian en ciertos países y territorios, donde no realizan actividad económica local, para operaciones comerciales o financieras internacionales y a las que considera parte del mercado global de servicios financieros.

Y en esos mercados de servicios juegan también las conocidas agencias de calificación de riesgos crediticios que dan su calificación a las acciones de una empresa cotizada o de un banco igual que a un país. Un mercado donde las tres principales agencias se reparten ese servicio aceptado mundialmente a pesar de haber sido declaradas culpables en parte de la crisis financiera global, que es una de las conclusiones de la investigación sobre la crisis llevada a cabo por el Congreso estadounidense. Y estas empresas privadas siguen insertas sólidamente en casi cualquier parte del sistema financiero mundial. Se utilizan por los inversores para decidir en lo que quieren invertir; se utilizan para el cálculo del capital que necesitan los bancos, las compañías de seguros y otras entidades financieras; y se utilizan por el BCE para el cálculo de los recortes en la valoración de activos de los repos, préstamos a los bancos con garantía de activos; junto con muchas otras aplicaciones.

En el lenguaje actual el concepto de mercado traslada la idea de libertad de acción y por tanto de invención de nuevos productos que son objeto de intercambio comercial. En ningún campo económico se expresa con mayor claridad esta concepción ideológica del mercado como en el mundo financiero sin fronteras. Lo reflejaba muy bien la presentación de la guía del visitante de Bolsalia, la feria de la bolsa y los mercados financieros celebrada en mayo 2011 en el Palacio Municipal de Congresos de Madrid. Frente al entorno económico de cifras alarmantes de paro y falta de crédito para las empresas productivas, esta XII edición de Bolsalia se presentaba como un escenario “más optimista y más prometedor que el del pasado año”. La alta volatilidad existente en los mercados (financieros) ha ofrecido y ofrece importantes oportunidades a los inversores que deciden asumir un mínimo de riesgo, decía. Un millar de expertos ofrecían productos para invertir, desde acciones en grandes empresas productivas hasta productos innovadores complejos para el trading, la compraventa especulativa, como los CFD o contrato por diferencia que son apuestas sobre las fluctuaciones de los precios de divisas, materias primas, etc., sin tener divisas o materias primas; por tanto el “inversor” puede obtener beneficios en mercados tanto alcistas como bajistas.

Pero la atención pública de medios y de gobierno se centra en los mercados de los bonos del Tesoro que han de suministrar a los gobiernos la financiación de la recaudación y el ahorro de sus países, donde concurren firmas de inversiones, bancos globales y fondos liderados por “los vigilantes de los bonos” –apelativo anglosajón de los especuladores en deuda soberana- que piden rentabilidad máxima para sus inversiones sin demandas políticas concretas pero preocupados de entrada por los gobiernos “derrochadores” (dicen) y por los riesgos de insolvencia previsible o hipotética. Y en particular atentos a medidas tributarias directas que puedan dañar la rentabilidad de su inversión en bonos soberanos europeos, que siempre estará más garantizada si procede el exterior, por ejemplo de fondos opacos de un fideicomiso (trust) en Suiza.

Una anécdota de la etapa de Clinton ilustra el trasfondo político del problema. A pesar de aquel eslogan famoso electoral de “¡La economía, estúpido!, se cuenta que cuando Bill Clinton llegó como Presidente a la Casa Blanca en 1992, la cuestión clave era si la nueva Administración demócrata incrementaba el gasto público con programas sociales manteniendo la promesa electoral de recortes de impuestos para las clases medias o si optaba por equilibrar el presupuesto con el fin de mantener bajos los tipos de interés y superar el déficit dejado por la anterior Presidencia de Ronald Reagan. Clinton no estaba muy al tanto sobre el peso importante que ya había adquirido la gran banca de inversiones durante la etapa de Reagan, pero su mentor, Robert Rubin, un hombre de Wall Street (y mentor luego de Obama), que había sido el más importante recaudador de fondos para el partido demócrata y entonces director del recién creado Consejo de asesores económicos, defendía firmemente el equilibrio presupuestario y la importancia de establecer una relación cordial con el “mercado de los bonos” pretendiendo dotarse de unas bases sólidas para el crecimiento a largo plazo.

El argumento de Rubin era que el mercado de los bonos del Tesoro estadounidense solía desconfiar de los presidentes demócratas; y si “los operadores” – especuladores, diríamos – de ese mercado sospechaban que Clinton iba a caer en la “irresponsabilidad fiscal”, es decir, en el déficit persistente, exigirían mayores rentabilidades para comprar la deuda del gobierno estadounidense, empujando al alza a los tipos de interés en toda la economía y ahogando así el crecimiento económico. Era la teoría predominante entonces que aún sigue predominando. En consecuencia, al comenzar 1993, bajo la influencia de Rubin -que luego fue nombrado Secretario del Tesoro- en la primera reunión del equipo económico de Clinton se adoptó el acuerdo de que la reducción del déficit debía de ser la primera prioridad con el objetivo de lograr credibilidad ante Wall Street. Y después de adoptarse esa decisión clave para la política futura, uno de los asesores del Presidente, John Carville, comentó: “Yo solía pensar que si hubiera reencarnación, me gustaría regresar de Presidente o Papa o estrella del béisbol. Pero ahora pienso que me gustaría volver como “mercado de bonos” porque puedes intimidar a todo quisque”.

Tras la ironía de esa anécdota, se denunciaba la opción política de futuro adoptada, que ahora se esconde tras la expresión “los mercados”. Bastantes años después, el citado informe del Congreso estadounidense sobre la crisis incluye muchas referencias a las medidas desreguladoras adoptadas por la Administración Clinton de las que se deduce claramente que la decisión política soterrada en la anécdota anterior, llevó al desmadre y luego al colapso de Wall Street, evitado por Washington gracias al dinero de los contribuyentes y traspasando la carga de la insolvencia bancaria al Estado.-

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Fuente: attac.es

¿Y si atacamos nosotros a los mercados?

Isaac Rosa – Comité de Apoyo de ATTAC. / 19 Julio 2011 | 

“El Gobierno italiano ha lanzado un ambicioso plan, pero cualquier desvío de los objetivos fiscales presionaría el rating a la baja” – David Riley, director de deuda soberana de Fitch-

En el campeonato que disputan los mercados y la Unión Europea, una semana más la victoria ha sido para los mercados, que goleada tras goleada van camino de hacerse con el trofeo, mientras Europa no sólo no ha ganado ni un partido hasta ahora, sino que no ha metido todavía un solo gol. Más aún: ni siquiera ha tirado a puerta, pues juega a la defensiva, despejando balones mediante la vieja táctica del patadón y a donde caiga.

Esta semana han sido los defensas italianos los que han hecho el ridículo, metiéndose un gol en propia meta: en cuanto los mercados han enseñado la patita, el Gobierno italiano se ha muerto de miedo y ha tardado horas en aprobar un brutal plan de recortes.

Como los mercados nos golean sin despeinarse, y los nuestros ni siquiera miran a puerta, uno empieza a pensar si no estará amañado el partido. Porque después de tantos ataques sufridos, todavía estamos esperando que un día la prensa titule: “Europa ataca a los mercados.” Ya digo, aunque sea sólo un día.

No, no se rían. ¿Por qué no podríamos ser nosotros los que, por una vez, les atacásemos a ellos? No digo que fuésemos a ganar el partido, pero por lo menos intentarlo, que hasta ahora ni eso. Es un escándalo que después de tres años largos de crisis, todavía nuestros gobernantes no hayan metido mano a prácticas que están en el núcleo de la especulación, como el cambalache con los famosos CDS, las ventas al descubierto o las agencias de rating.

Sí, los mercados serán todo lo poderosos que quieran, y si les tosiéramos se pondrían todavía más furiosos. Pero si toda una Unión Europea se arruga con esa facilidad, y renuncia a usar su capacidad legislativa y su fuerza económica, entonces ya me dirán para qué estamos en Europa. Porque insisto: es que ni lo han intentado.

Si esa inacción nos garantizase la paz, todavía se podría discutir. Pero es que encima las cesiones a los mercados tampoco nos salvan, más bien al contrario, al exponer nuestra debilidad. ¿O creen los italianos que se van a librar de nuevos ataques por haber aprobado estos recortes?

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Fuente: attac.es

Los mercaderes nos cuentan cuentos

Antonio Aramayona – ATTAC Aragón. / 20 Julio 2011 |

Nos habían pintado un mercado ideal, donde productores, vendedores y compradores de un mismo producto o servicio establecen en armónico equilibrio los precios. Hablaron incluso de una “competencia perfecta”, en la que el precio es el resultado natural de la interacción entre la oferta y la demanda. Para ellos, el mundo se compone de millones de compradores y vendedores que viven, respiran, consumen y fijan precios de forma libre, natural y espontánea. A su vez, las empresas deciden cuánto producir y los consumidores cuánto adquirir en el plácido balanceo de las “curvas de demanda” y los “equilibrios parciales” del mercado, que siempre es “libre”, pues el precio de los bienes y servicios son acordados civilizadamente por los vendedores y los consumidores, mediante las leyes de la oferta y la demanda, y la libre competencia.

Adam Smith hizo famosa la “mano invisible” del mercado, cual divina providencia en el mundo económico, que exige a los humanos el sagrado deber de garantizar la competencia, capaz por sí misma de determinar con justeza y justicia los precios, la oferta y la demanda de los productos. Con tal de que no se meta por medio el Estado, la mano invisible, al compás de las leyes objetivas de la oferta y la demanda, compensa cualquier desequilibrio y regula las oscilaciones económicas dentro del mercado libre y equitativo, por encima de los intereses y las pasiones individuales de los hombres.

Otros, como F. A. von Hayek, llegan a afirmar que todo es consecuencia de un “orden espontáneo” en el mundo natural y económico: así como existen el lenguaje, la música, los gobiernos y las leyes como respuesta natural a unas necesidades concretas, de igual modo el sistema de los mercados ha surgido de forma espontánea como vía óptima para alcanzar el progreso y el bienestar, con tal de que los Gobiernos e instituciones no interfieran en ese proceso espontáneo y natural de la oferta y la demanda.

Sin embargo, desde el inicio mismo del liberalismo la libertad y el justo equilibro brillaron por su ausencia, comenzando por la raíz misma de las relaciones económicas: la compraventa de la fuerza de trabajo de los productores a cambio de un salario y en la que el capital obtiene una plusvalía. Desde entonces, una sola constante ha permanecido inalterable: una minoría se ha enriquecido a costa de la inmensa mayoría de la población. Las leyes y los sistemas han sido impuestos por esa minoría, que ha financiado y eliminado a su antojo campañas, candidatos y grupos ideológicos y de presión. Finalmente, en un proceso constante de oligopolios y monopolios financieros el desequilibrio económico se ha hecho mundial, en pos de mano de obra cada vez más barata y de materias primas en países subdesarrollados salvajemente explotados.

Por lo mismo, sus mercados supuestamente libres se han ido quitado la careta sin el menor sonrojo para implantar un mundo económico mundial sin regulación alguna y sin ningún control. Pululan diariamente por las redes invisibles de los mercados financieros enormes cantidades de dinero, equivalentes al PIB de muchos países desarrollados, sin que nadie pueda y ose poner coto legal a los negocios sin límite de “los mercados”. Sacan a relucir cada día Wall Street o las Bolsas de Tokio, Frankfurt o Londres, pero jamás hablan de las islas Caimán, Cook, Vírgenes o Man, paraísos fiscales por los que pasa el 50% de las transacciones financieras mundiales y donde está depositado impunemente el 23% de los depósitos bancarios del mundo. Nos aturden noche y día hablando de terrorismo internacional y de seguridad mundial, pero ocultan que el peor de los terrorismos es el terrorismo financiero que perpetran.

En los medios aparece profusa y crecientemente la eufemística expresión “los mercados”, donde desde la estratosfera rica y financiera compran y venden el mundo y la vida. Los mercados parecen sufrir, presionar, ahogar o dar alivio a determinados países, tener euforia o ansiedad devoradora… Pero nada se dice sobre quiénes están detrás de esos “mercados” que juegan al Monopoly con las deudas de los países, que imponen recortes salvajes y reducción del déficit, que tienen en sus manos la soberanía misma de los países.

Leemos incluso que EE.UU. puede estar al borde de la quiebra y declararse en suspensión de pagos porque para una minoría radical e intransigente reducir el déficit sin subir impuestos constituye un dogma de fe. A la vez, la superempresa financiera JP Morgan Chase, que aprovechó la crisis de las subprime en 2008 para enriquecerse hasta los tuétanos, anuncia que ha obtenido un beneficio neto trimestral de 5.430 millones de dólares, con unos ingresos entre abril y junio de 26.780 millones de dólares. Ese mismo día nos enteramos de que diez millones de africanos están en peligro de morir de hambre.

Más claro, agua.

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Fuente: attac.es

La Gran Recesión y el salario mínimo

Vicenç Navarro – Consejo Científico de ATTAC. / 24 Julio 2011

El mayor problema que existe hoy en la economía mundial es la insuficiente demanda de bienes y servicios que estimulen el crecimiento económico y la producción de empleo. Ello queda claro en los países capitalistas desarrollados, en los que la Gran Recesión parece eternizarse, y ello debido, en parte, a las políticas de recortes de gasto público, incluido el gasto público social, que está deprimiendo todavía más la demanda doméstica y, con ello, retrasando la recuperación económica. En realidad, en algunos de estos países, como en los países de la periferia de la Eurozona (España, Grecia, Portugal e Irlanda), tales políticas de recortes de gasto público y reducción de los salarios están causando un retroceso y un descenso de su riqueza, con estancamiento, o incluso reducción, de su PIB.

Pero la escasez de la demanda doméstica es también un problema grave en los países emergentes, tal como prueba su dependencia de sus exportaciones como manera de salir de la crisis y conseguir su recuperación económica. Sus economías orientadas a las exportaciones son un indicador claro de que no tienen una demanda doméstica que pueda convertirse en el motor de sus economías. Y ahí está el problema.

¿Cuál podría ser la solución al problema de la insuficiente demanda de bienes y servicios hoy en el mundo? Una solución propuesta por Thomas I. Palley, economista que goza de gran credibilidad en los círculos progresistas de EEUU (tales como sindicatos y movimientos sociales), así como organismos internacionales (como la Organización Internacional del Trabajo, OIT), es establecer el salario mínimo a nivel internacional global. La experiencia acumulada con el salario mínimo en los países que lo han instituido, es que afecta positivamente al nivel salarial de la mayoría de los trabajadores, y no sólo de los que reciben salarios bajos. Así, en EEUU, el salario mínimo tiene un impacto inmediato en aumentar los salarios de las dos decilas inferiores de los salarios, y (aunque en menor medida) de las otras dos decilas por encima de las dos decilas salariales más bajas.

Tal salario mínimo no debería ser, naturalmente, una cantidad fija para todos los países. Sería una cantidad definida por su distancia a la mediana salarial de cada país. No se permitiría ningún salario por debajo del 60% de la mediana salarial (la mediana salarial es la que tiene la mitad de los salarios por encima y la otra mitad por debajo) en aquel país o en aquella región. Naturalmente que los países podrían modificarlo para incrementarlo si así lo deseara. Pero no se le permitiría bajarlo.

Una consecuencia de tal medida sería el aumento de la productividad. De nuevo, es ampliamente conocido que una economía de bajos salarios determina una economía de baja productividad. El empresario no invertirá en el puesto de trabajo, aumentando su productividad, si tiene abundante mano de obra a su disposición. Si tiene que pagar salarios altos, tendrá que invertir más en estos puestos de trabajo de manera que la productividad aumente. No es, como constantemente se acentúa, que la economía de escasa productividad determine bajos salarios. Es precisamente al revés; los bajos salarios determinan una economía de baja productividad. De ahí que una manera de estimular el incremento de la productividad sea el aumento de los salarios a base de generalizar la aplicación del salario mínimo a nivel mundial.

Esta propuesta es de especial interés y su aplicación tiene gran relevancia para los países de la Unión Europea y de la Eurozona que están en medio de una Gran Recesión, debido a un déficit de demanda, resultado, en parte, de la disminución de la capacidad adquisitiva de la población trabajadora, al haber disminuido las rentas del trabajo como porcentaje de las rentas nacionales. Sería importante que las fuerzas progresistas en la Unión Europea (tanto sindicatos europeos, como partidos y movimiento sociales) hicieran suya tal propuesta.

Una última observación. Una observación que aparece frecuentemente en los medios de mayor difusión del país es que las izquierdas carecen de ideas sobre como salir de la crisis. Esta observación se repite constantemente y deliberadamente para marginar y discriminar a las izquierdas. Es cierto que la mayoría de las izquierdas gobernantes han abandonado el ideario progresista, adaptándose rápidamente al pensamiento neoliberal. Pero aquella observación es injusta cuando se incluye a las izquierdas a la izquierda de las gobernantes, pues existe un amplio abanico de propuestas alternativas a las que se están aplicando por los gobiernos, alternativas que son razonables, factibles y populares. El hecho de que no tengan mucha visibilidad mediática no quiere decir que no existan (como se repite machaconamente en un intento de descrédito y marginación), sino que no se publican, comentan o debaten en los mayores medios. Aconsejo a los que realizan tales observaciones que lean, además de los medios de difusión y persuasión dominantes, la prensa de medios alternativos, incluidas las publicaciones en la red, que muestran mayor creatividad y vivacidad que la mayoría de medios de mayor difusión, que se limitan, en su mayor parte, a la reproducción de la sabiduría convencional.

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Fuente: attac.es

Pero… ¿a quién representa Pilar Rahola?

Precisamente, nuestra opinión es que los partidos políticos no nos representan, que la democracia asentada en la representación de aquellos es un fracaso. De ahí nuestra exigencia:¡Democracia real ya!

Alexis Demko. |  13 de junio 2011 a las 14:19 |

El 27 de mayo, mientras algunos ciudadanos estaban sufriendo las cargas de los Mossos d’Esquadra en la Plaza Catalunya, Pilar Rahola explicaba en TV3 que estaba a favor de la acción policial porque “tenía derecho a pedir a la policía que vele por la seguridad de su hijo”, en caso de que éste fuera al centro de la ciudad para sumarse a las celebraciones de la posible victoria del FC Barcelona en la final de la Liga de Campeones. Ante todo, un pequeño paréntesis nos permite recordar que a pesar de la presencia de la acampada en Plaza Cataluña, su hijo pudo disfrutar de las celebraciones sin que se pusiera en peligro su seguridad, al menos sin que la presencia de la acampada supusiera un riesgo para la misma. Para cerrar el paréntesis, le preguntaría a la Sra. Rahola si pediría también a la policía que no pusiera en peligro la seguridad de su hijo, en caso de que éste decidiera sumarse a la acampada para expresar su indignación hacia las carencias del sistema democrático que nos rige actualmente. Obviamente, en este caso no estaría de acuerdo con las decisiones de su hijo. En efecto, en las diferentes ediciones del programa “Els Matins” de TV3, en las que participó, expresaba su opinión contraria a la permanencia de la acampada. El 27 de mayo, lo argumentaba así:

“Las calles son de todos […] Mientras no cambien las cosas, la democracia se asienta en la representación de los partidos políticos, y no conozco a ningún partido político que esté dirigiendo esto. O sea, representantes del pueblo, que son los que hemos votado legítimamente, y quiero recordar que en estas elecciones se ha votado más que en la anterior, no están dirigiendo esta sentada, por lo tanto, ¿quienes son? ¿A quién representan? ¿A ellos mismos? Muy bien. […] Porque si ellos pueden, […] ¿por qué no ocupamos todas las plazas de Cataluña, todos los colectivos que quieran? […] Toda la gente que tiene problemas para pagar la hipoteca, ahora que ocupe todas las plazas de Cataluña, que quizá tienen más motivos que algunos de los que están aquí. […] O todos los autónomos o pequeños empresarios que están hasta aquí, que no levantan cabeza, que son los que crean empleo, que vayan a ocupar las plazas. Pues, no lo hacen, porque son un poco más responsables.”  

Vamos por partes.

– “Mientras no cambien las cosas, la democracia se asienta en la representación de los partidos políticos, y no conozco a ningún partido político que esté dirigiendo esto.”

Pues, precisamente, estas cosas, las queremos cambiar y las estamos intentando cambiar. Y precisamente, nuestra opinión es que los partidos políticos no nos representan, que la democracia asentada en la representación de aquellos es un fracaso. De ahí nuestra exigencia: “Democracia real ya!” Muy lógicamente, Rahola se opone a un movimiento cuyas ideas impulsoras no comparte. Pero la razón que menciona para exigirnos dejar las plazas es justamente el objeto de nuestra protesta. ¿Deberíamos dejar las plazas porque no estamos dirigidos por ningún partido político, cuando justamente rechazamos que estos partidos sean nuestros representantes legítimos? ¿La acción ciudadana no tiene valor si está impulsada por los ciudadanos mismos? Si una protesta no es legítima por no estar dirigida por ningún partido político, ¿por qué no suprimir el derecho a manifestarse?

– “O sea, representantes del pueblo, que son los que hemos votado legítimamente, y quiero recordar que en estas elecciones se ha votado más que en la anterior, no están dirigiendo esta sentada.”

Además de repetir que no consideramos a estos partidos como los representantes del pueblo, añadiré los siguientes datos. En las últimas elecciones al Parlament de Catalunya, 1.198.010 personas de un total de 5.363.356 electores votaron a CiU (22,34%), o sea 77,66% de los electores de Cataluña no querían que CiU gobernara la Generalitat; y en las últimas elecciones municipales en Barcelona, ​​174.022 personas de un total de 1.163.556 electores votaron a CiU (14,96%), o sea 85,04% de los electores de Barcelona no querían que CiU gobernara el Ayuntamiento.

– “Por lo tanto, ¿quienes son? ¿A quién representan? ¿A ellos mismos? Muy bien. […] Porque si ellos pueden, […] por qué no ocupamos todas las plazas de Cataluña todos los colectivos que quieran?”

Pues sí, Sra.. Rahola! Nos representamos a nosotros mismos. Porque desafortunadamente nadie ha sido capaz de representarnos: ni los políticos que en principio tenían este papel, ni los medios de comunicación que deberían haber llevado al espacio público el debate sobre nuestros problemas. Y no hemos podido encontrar nunca un espacio donde poder intercambiar, reflexionar, debatir nosotros mismos de nuestros problemas, intentar solucionarlos juntos, incluso simplemente hacerlos visibles y hacernos visibles. Hoy, por fin hemos encontrado este espacio, y hemos tenido que inventarlo nosotros mismos. “Las calles son de todos”, según Rahola. Pues hasta ahora, eran de todos pero nadie tenía derecho a hacer nada en ellas. Hoy estas plazas son de todos, porque todos pueden participar, incluso autónomos e hipotecados. Estos últimos están presentes, entre otros mediante la Plataforma de Afectados por las Hipotecas que participa en la comisión sobre vivienda, aunque Rahola no los haya visto y no los considere muy responsables.

Ahora le devolvería la pregunta a Pilar Rahola. ¿A quién representa ella? ¿A ella misma? Muy bien … Tiene todo el derecho a expresar su opinión. Pero, ¿qué legitimidad tiene esta persona para disponer de un espacio cotidiano en el programa principal de la mañana de la cadena pública de Cataluña y de otro espacio cotidiano en La Vanguardia, uno de los diarios más vendidos de Cataluña, simplemente para expresar su opinión? ¿Y de rebote para influir sobre la opinión pública, teniendo en cuenta el potencial de difusión y de legitimación de estos espacios? ¿Acaso fue votada o elegida de alguna manera por el pueblo para tener esta función de crear opinión? De hecho, sería injusto hablar sólo de Pilar Rahola, son tantos … pero son tan pocos. Son tantos porque ya hemos perdido la cuenta de todos estos tertulianos, opinadores profesionales, articulistas a sueldo, etc, que ocupan el espacio radioeléctrico durante horas y las páginas de nuestros diarios para opinar sobre todo. Pero son tan pocos, porque son una minoría de la población, una minoría de privilegiados, pagados por contar su punto de visto -además de ser pagados con nuestros impuestos en el caso de los medios públicos como TV3-, y con los altavoces más potentes que hay. Mientras tanto, ¿cuántos son los periodistas precarios que luchan por conseguir un sueldo digno, que trabajan sin contrato, o que se han de tragar su ética periodística ante las exigencias de algunas jerarquías? ¿Cuántos son los investigadores y universitarios que no pueden difundir sus trabajos, viendo como unas personas no cualificadas opinan sobre sus ámbitos de especialidad? ¿Cuántos son los integrantes de asociaciones y movimientos sociales que no ven nunca sus luchas en las portadas de los principales diarios? ¿Cuántos somos los ciudadanos cuyos problemas quedan invisibilizados por los mal llamados medios de comunicación?

A este respecto, parecería que los últimos días por fin hemos existido en los medios de comunicación convencionales. Durante una semana, la campaña electoral fue relegada al segundo plano detrás de las acampadas. Pero, ¿de verdad los medios se interesan más por las preocupaciones del pueblo? Si podemos alegrarnos de que la visibilidad del movimiento haya llevado a las primeras páginas los manifiestos de Democracia Real Ya o de las acampadas, un breve repaso a las principales preocupaciones de los medios tras dos semanas de acampadas no es tan esperanzador. ¿Finalmente los desahucios y la vulneración permanente del derecho constitucional a una vivienda digna son titulares de los diarios? ¿Y el papel de la banca en la burbuja inmobiliaria? ¿La financiación de los partidos políticos por la banca? ¿La financiación de los medios de comunicación por la banca? ¿El fraude fiscal y el papel de los paraísos fiscales y judiciales? ¿Cómo vive un parado tras agotar los escasos subsidios a los que tiene derecho? Pues parecía más importante que Rajoy exigiera nuevas elecciones, que Chacón dejara que Rubalcaba se acercara al liderazgo del PSOE, o servir de micrófonos a los señores Puig y Mas …

En democracia, ¿podemos aceptar que los medios de comunicación sólo consistan en la emisión de un flujo unidireccional de informaciones del que sólo somos receptores? ¿Podemos aceptar que la producción de esta información sea el casi-monopolio de una minoría de privilegiados – políticos, banqueros, grandes empresarios, periodistas omnipresentes, tertulianos? ¿Podemos aceptar que la mayoría de los medios de comunicación sea propiedad o financiada por intereses económicos privados o intereses partidistas? Para reinventar la democracia también tendremos que reinventar los medios de comunicación, y éste debe ser uno de los ejes de nuestros debates y reflexiones. Sin embargo, no será nada fácil, ya que quien tiene privilegios no los abandona fácilmente. Argumentarán que la comunicación y el periodismo son cuestiones de profesionales, que requieren unas competencias y unos conocimientos, pero no cuestionarán las estructuras y los intereses que entran en juego a la hora de evaluar aquellas competencias, cuando al mismo tiempo la enseñanza universitaria, por lo tanto el acceso al periodismo, es cada vez menos accesible para quien no tiene dinero. Nos dejarán hacer una pregunta a un político de vez en cuando. Nos propondrán elegir entre cuatro respuestas a una pregunta que otros se habrán encargado de elegir y formular, que aparecerán en sus sitios web como sondeos cuyos resultados no tienen ningún valor, pero crean la ilusión de la participación. Mientras tanto seguirán poniendo trabas a la existencia de los medios comunitarios y sin ánimo de lucro.

El 5 de junio, el editorial de La Vanguardia afirmaba que “la tribalización del espacio público no conduce a la renovación del sistema democrático”. Les devolveremos la expresión de desprecio que significa calificarnos de tribu: la tribalización de los medios de comunicación por parte de una minoría de privilegiados ya hace demasiado tiempo que está secuestrando nuestros derechos a la información y a la comunicación. Tener acceso a una información plural e independiente es un derecho. Comunicarnos, desde la sociedad hacia la sociedad, lo es también. ¡Recuperemos nuestros derechos! ¡Por una democratización de la comunicación ya! ¡Por una democracia real ya!

Alexis Demko.
Indignado.

kaosenlared.net

Carta anónima de un Mosso d’Esquadra [sobre las cargas contra el pueblo pacífico e indefenso en Barcelona]

Ayer lloré. Mucho. Primero de indignación y de rabia al ver cómo un grupo de ciudadanos y ciudadanas que se manifestaban de forma pacífica fueron brutalmente apaleados; después de vergüenza… [No és el único que nos ha manifestado estas o similares opiniones]

Mosso d’Esquadra | Para Kaos en la Red | 30-5-2011 a las 19:09 |

Un agente de los Mossos d’Esquadra nos hizo llegar anónimamente una carta, donde criticaba la actuación policial efectuada el día anterior en Lleida y Barcelona, para que fuera leída en público después de la cacerolada del pasado sábado 28 de febrero, ya que él, por temor a las represalias, no lo podía hacer. La reproducimos a continuación:

CARTA ANÓNIMA DE UN MOSSO D’ESQUADRA 

Hola a todos los ciudadanos y ciudadanas libres,

Me presentaré como ciudadano anónimo porque soy Mosso d’Esquadra y la libertad de expresión interna del Cuerpo no me deja otro camino que este anonimato que detesto.

Os quería transmitir mi indignación por todo lo que hemos vivido en estos trece días, pero sobre todo por los hechos acontecidos ayer en el desalojo de Barcelona y de Lleida.

Hace muchos años que accedí al Cuerpo de Mossos y lo hice creyendo que en una democracia la policía es un servicio público vital para la convivencia.

Un servicio público que tiene que estar al lado de todos los ciudadanos y ciudadanas que creemos en la libertad ligada a la responsabilidad. Un servicio público que debe atender la prevención de los delitos y su persecución, entre otras cosas, y siempre, tal como nos enseñaron en la escuela de policía, con los principios de CONGRUENCIA, OPORTUNIDAD Y PROPORCIONALIDAD establecidos en la Constitución que nuestros padres y madres refrendaron.

Ayer lloré. Mucho. Primero de indignación y de rabia al ver cómo un grupo de ciudadanos y ciudadanas que se manifestaban de forma pacífica fueron brutalmente apaleados; después de vergüenza; porque, ¿qué les explicaré a mis hijos si me preguntan sobre las cargas policiales? ¿Y a mi vecino? ¿Y a mi amigo?

Soy un ciudadano más, soy un indignado más, creo en la libertad y en la no violencia, de hecho se me enseñó en la escuela de policía. Y yo le pregunto al conseller Puig: ¿y usted cree en eso? ¿Cómo pudo dar la orden que dio? ¿Así quiere garantizar el respeto que todos los mossos queremos de nuestros conciudadanos?

Ayer no nos ganamos ningún respeto. Lo siento, pero alguien tenía que decirlo. Ayer rompimos a palos lo que es una revuelta del pensamiento crítico y pacifista. Ayer el conseller consiguió indignarme a mí, a mi familia, a mis amigos y vecinos, a muchos otros compañeros del Cuerpo, que por miedo a las represalias internas no quieren pronunciarse.

Ayer los sindicatos de Mossos no emitieron sus comunicados con contundencia en contra de aquella operación macabra contra ciudadanos y ciudadanas, pero claro, por si no lo sabíais, en julio hay elecciones sindicales en el Cuerpo, y de la misma forma que en el mundo de la política, vale más un voto que una persona.

El respeto que pedimos, conseller, lo ganaremos con el trabajo diario, con la proximidad con la ciudadanía de la cual formamos parte, porque nuestros hijos también van a la escuela y comparten vivencias con otros niños y niñas, compramos en los mismos mercados y tiendas, nos sentimos estafados por la clase política, por las grandes corporaciones y bancos.

Es por todo eso por lo que no entiendo la operación policial efectuada ayer para desalojar ciudadanos y ciudadanas que de forma pacífica han estado moviendo la conciencia colectiva para pedir transparencia en las instituciones que emanan del pueblo. Para pedir una democracia participativa en todos aquellos factores que afectan en nuestras vidas, para pedir justicia, para pedir la persecución de todos aquellos políticos que haciendo uso de sus cargos han sido corruptos, que la jubilación de un político sea la de cualquier otro ciudadano, que no tengan duplicidad de cargos y sueldos. En definitiva, que el político sea un ciudadano más, que de forma libre y responsable quiere trabajar en el mundo de la política y para el pueblo.

Hoy continúo llorando cuando me vienen a la cabeza las terribles imágenes de ayer, y que usted, conseller, intentó justificar ante la prensa. Desde mi modesta opinión: no hay justificación posible en aquella intervención. Usted no está a la altura de representar el Cos de Mossos. Quiero una comandancia que haga de cirujano, que con cuidado y respeto expulse cualquier elemento que rompa la convivencia pacífica de la sociedad, no quiero un carnicero, no me gusta la sangre.

Yo soy un ciudadano, yo trabajo de Mosso d’Esquadra, yo quiero una policía al servicio del pueblo y no del político de turno. Yo he escogido estar al lado del pueblo, de mi vecino, de mi amigo, de mis conciudadanos, de luchar con ellos por la vía pacífica y sin violencia para conseguir un mundo más justo, un mundo donde todos tengan cabida, donde la participación no sea solo el hecho de arrojar una papeleta dentro de una urna, quiero pensar y quiero sentir, pero sobre todo, un futuro mejor para mis hijos. ¿O es que quizás, señor conseller, usted no quiere eso?

¡Atención! Consellers y políticos de distintos colores, la era de los gritos de los silencios se termina, ahora empieza el tiempo de las voces que se alzan sin violencia y que os reclaman: RESPONSABILIDAD Y HONESTIDAD.


Carta anònima d’un Mosso d’Esquadra (Català)

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Un agent dels Mossos d’Esquadra ens va fer arribar anònimament una carta, on criticava l’actuació policial efectuada el dia anterior a Lleida i Barcelona, perquè fos llegida en públic després de la cassolada del passat dissabte 28 de febrer, ja que ell, per por a les represàlies, no ho podia fer. La reproduïm a continuació:
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CARTA ANÒNIMA D’UN MOSSO D’ESQUADRA
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Bones a tots els ciutadans i ciutadanes lliures,
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Em presentaré com a ciutadà anònim perquè sóc Mosso d’Esquadra i la llibertat d’expressió interna del Cos no em deixa un altre camí que aquest anonimat que detesto.
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Us volia transmetre la meva indignació per tot el que hem viscut en aquests tretze dies, però sobretot pels fets esdevinguts ahir en el desallotjament de Barcelona i de Lleida.
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Fa molts anys que vaig accedir al Cos de Mossos i ho vaig fer creient que en una democràcia la policia és un servei públic vital per la convivència.
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Un servei públic que ha d’estar al costat de tots els ciutadans i ciutadanes que creiem en la llibertat lligada a la responsabilitat. Un servei públic que ha d’atendre la prevenció dels delictes i la seva persecució, entre d’altres coses, i sempre, tal i com ens ho van ensenyar a l’escola de policia, amb els principis de CONGRUÈNCIA, OPORTUNITAT I PROPORCIONALITAT establerts amb la constitució que els nostres pares i mares van refrendar.
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Ahir vaig plorar. Molt. Primer d’indignació i ràbia al veure com tot un seguit de ciutadans i ciutadanes que es manifestaven de forma pacífica van ser breutalment apallissats; després de vergonya; perquè, que els hi explicaré ara als meus fills si em pregunten sobre les càrregues efectuades? I al meu veí? I al meu amic?
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Sóc un ciutadà més, sóc un indignat més, crec en la llibertat i en la no violència, de fet se’m va ensenyar a l’escola de policia. I jo li pregunto al conseller Puig: i vostè hi creu? Com   va poder donar una ordre com la que va donar? Així vol garantir el respecte que tots els mossos volem dels nostres conciutadans?
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Ahir no ens vam guanyar cap respecte. Ho sento, però algú ho havia de dir. Ahir vam trencar a pals el que és una revolta del pensament crític i pacifista. Ahir el conseller Puig va aconseguir que els antiavalots fessin avalots. Ahir el conseller va aconseguir indignar-me a mi, a la meva família, als meus amics i veïns, a molts d’altres companys del cos, que per por a les represàlies internes no volen pronunciar-se.
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Ahir els sindicats de Mossos no van emetre els seus comunicats amb contundència en contra d’aquella operació macabra contra ciutadans i ciutadanes, però és clar, per si no ho sabeu, al juliol hi ha eleccions sindicals al Cos, i de la mateixa forma que en el món de la política, val més un vot que una persona.
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El respecte que demanem, conseller, el guanyarem amb el treball diari, amb la proximitat amb la ciutadania de la qual també en formem part, perquè els nostres fills van a l’escola i comparteixen vivències amb d’altres nens i nenes, comprem en els mateixos mercats i comerços, ens sentim estafats per la classe política, per les grans corporacions i bancs.
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És per tot això que no entenc l’operació policial engegada ahir per desallotjar ciutadans i ciutadanes que de forma pacífica han estat movent la consciència col·lectiva per demanar transparència en els institucions que emanen del poble. Per demanar una democràcia participativa en tots aquells factors que afecten a les nostres vides, per demanar justícia, per demanar la persecució de tots aquells polítics que fent ús dels seus càrrecs han estat corruptes, que la jubilació d’un polític sigui la de qualsevol altre ciutadà, que no tinguin duplicitat de càrrecs i sous. En definitiva, que el polític sigui un ciutadà més, que de forma lliure i responsable col treballar en el món de ella política i pel poble.
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Avui continuo plorant quan em venen a la ment les terribles imatges d’ahir, i que vostè, conseller, va intentar justificar davant de la premsa. Des de la meva modesta opinió: no hi ha justificació possible en aquella intervenció. Vostè no està a l’alçada de representar el Cos de Mossos. Vull un comandament que faci de cirurgià, que amb cura i respecte tregui qualsevol element que trenqui la convivència pacífica de la societat, no vull un carnisser, no m’agrada la sang.
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Jo sóc un ciutadà, jo treballo de Mosso d’Esquadra, jo vull una policia al servei del poble i no del polític de torn. Jo he triat estar al costat del poble, del meu veí, del meu amic, dels meus conciutadans, de lluitar amb ells per la via pacífica i sense violència per assolir un món més just, un món on tothom hi tingui cabuda, on la participació no sigui tant sols la llençada d’una papereta dins d’una urna, vull pensar i vull sentir, per sobre de tot, un futur millor pels meus fills. O és que potser, conseller, vostè no ho vol?.

Alerta! Conseller i polítics de diversos colors, l’era dels crits dels silencis s’acaba, ara s’inicia el temps de les veus que s’alcen sense violència i que us reclamen: RESPONSABILITAT I HONESTEDAT..

Font: http://indignatsdelanoguera.blogspot.com/2011/05/carta-anonima-dun-mosso-desquadra.html?spref=tw

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